Yoga, más allá de la relajación

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El yoga está asociado a la relajación pero, ¿sabías que el yoga proporciona fuerza muscular, flexibilidad y un sinfín de beneficios a todos los órganos del cuerpo?. Al practicar yoga nuestro cuerpo optimiza la energía y se nutre mejor, el yoga nos enseña a respirar mejor y nos brinda herramientas de relajación y descanso tan necesarias en el mundo moderno.

La palabra Yôga significa unión, y lo que se busca con la práctica de esta disciplina es integrar al hombre e incorporarlo a su medio social, familiar, profesional, cultural. Y es que, contra lo que se supone usualmente, el Yôga Antiguo o Swásthya Yôga es una filosofía práctica constituida únicamente por técnicas cuya función principal es la de trabajar todos los aspectos del ser humano y llevarlo a un estado de hiperconciencia llamado samádhi, término sánscrito que significa lucidez.

Beneficios indirectos

Así, el verdadero Yôga no es una especie de relajación, aunque adquirió fama de ser suave porque es biológico, no cansa y no agrede músculos, ligamentos o vértebras. El Swásthya Yôga, es cierto, proporciona una flexibilidad increíble y un excelente fortalecimiento muscular, beneficia la columna vertebral y todos los órganos, e incluso es muy común que después del primer día de ejercicio el practicante se libere de algún dolor de espalda, de una jaqueca o de un asma de años. Pero hay que tener en cuenta que el propósito original de esta disciplina no es terapéutico.

En realidad, se trata de una filosofía práctica que nos da elementos para aprender a alimentarnos de una manera más consciente, reaprender a respirar, tratar a nuestro cuerpo de una manera más inteligente, aprender a descansar, descontraer la musculatura, concentrarnos más, administrar de manera consciente el estrés, optimizar más la energía, no malgastarla y recuperarnos del esfuerzo y el desgaste físico en menos tiempo.

Al cabo de un determinado tiempo, entonces, las diferencias entre una persona que practica y una que no practica son abismales: quien está gordo baja de peso; quien está flaco y enclenque empieza a tener más musculatura. Además, el que practica esta disciplina mejora el estado de ánimo, se empieza a sentir más pleno y las cosas le salen mejor.

Pero, en realidad, estas son consecuencias de la práctica de una disciplina que, en sus orígenes, estaba más ligada al uso de la energía que a la relajación y la armonización.

Historia de un malentendido

Esta disciplina, explica Edgardo Caramella, Presidente de la filial argentina de la Unión Internacional de Yôga, “existe desde hace más de 5000 años, pero también a lo largo de estos años han surgido diferentes modalidades. Sobre todo en los últimos tiempos han aparecido variantes modernas que no siempre tienen que ver con el origen, desvirtuándose así la propuesta original”.

En efecto, el Yôga Antiguo, estuvo asociado desde su origen a tres conceptos: fuerza, poder y energía. Pero en Occidente, muchas veces, se lo asocia con la calma, la paz y la tranquilidad, justamente los opuestos. “Para Occidente es a veces un poco extraño pensar en una filosofía práctica porque uno dice filosofía y se remite a las grandes corrientes de pensamiento griego y en realidad esto es otro proceso, es puramente técnico, empírico y vivencial”, señala Caramella.

Orígenes del Yoga

Los orígenes del Swásthya Yôga se remontan a una cultura preariana, prevédica y preclásica conocida como civilización Harappiana o del Valle del Indo y que, rescatada por la arqueología, prueba mediante testimonios concretos que hace cinco mil años esa civilización ubicada geográficamente en la zona que hoy corresponde a Pakistán ya se encontraba sumamente evolucionada. En efecto, poseía ciudades de alrededor de 60 mil habitantes con alumbrado, empedrado en las calles, piscinas públicas, silos para cereales y un estándar de vida muy alto para la población. Allí, y ya desde entonces se practicaba el Yôga.

Sin tabúes

En esa cultura, relata Caramella “no había religiones institucionalizadas, sino una manera de comportamiento sensorial, desrepresor y matriarcal llamado tántrika o tantrismo. Este tipo de filosofía comportamental entiende a la sexualidad como patrimonio del individuo, sin tabúes y no como una cuestión pecaminosa sino como algo natural y normal y que incluso, bien desarrollada y utilizada debidamente, sirve también para la evolución y la maximización del placer”.

Es en ese contexto cultural en el cual surge el Yôga, que con el tiempo fue difundiéndose y desgastándose por las influencias culturales que tuvo la India. Es que este país fue muy invadido, y a raíz de estas invasiones (bárbaras, otomanas, griegas y persas entre otras) el Yôga fue modificándose, dejando atrás sus valores originales.

Mitos y misticismos

Cuando, en las décadas del ’50 y del ’60 del siglo XX, el Yôga llega a Occidente, lo hace de la mano de monjes, artistas y personajes muy influyentes en la opinión pública (como por ejemplo John Lennon) que empiezan a vincularse con estas artes orientales. Entonces, el Yôga se populariza.

Y el hecho de haber llegado a Occidente enseñado y transmitido por monjes alimentó el mito que un profesor de Yôga es casi un monje. “Esa impresión que causó en Occidente, ayudada también por un deseo mercantilista de empezar a vender Yôga por kilo y por metro, y el darse cuenta que era muy beneficioso para la salud, lo colocó casi en un terreno terapéutico”, explica Edgardo, quien se encarga de aclarar que “el Yôga no es terapia y nunca lo fue”.

Cuestión de salud

En efecto, a tal punto el verdadero Yoga no es una terapia que el practicante debe gozar de buena salud y por eso, antes de ingresar a la Unión Internacional de Yôga, el aspirante debe hacerse un examen médico.

Y, si bien es cierto que la práctica tiene como efectos colaterales el bienestar general del ser humano, también lo es que hay que tener cuidado con aquellos que hacen de estos beneficios una cuestión de marketing. Por eso, y contrariamente a las charlatanerías, el tipo de Yôga que se practica en la Unión Internacional no habla de beneficios sino que se centra en mantener al Yôga en el sitial de una filosofía de autoconocimiento.

Lo que se busca es no transformarla en algo puramente beneficioso para la salud para no transportarlo al terreno terapéutico”, se encarga de dejar en claro Caramella.

Para quiénes

En cuanto a quiénes pueden practicarlo, lo cierto es que están en condiciones de hacerlo todas las personas que gocen de buena salud. La característica a tener en cuenta es que se trabaja con ese Yôga antiguo que es fuerte y desde el comienzo es avanzado comparado con otras líneas.

Por ello trabajamos con público joven, saludable, contento con la vida y que quiera estarlo aún más. Cuando digo joven, me refiero a biológicamente joven aunque no siempre tiene que ver con la edad cronológica. Sin embargo nuestro perfil de público es de 16 a 36 años. Es hacia dónde nosotros dirigimos nuestro trabajo. Pero, por favor, entiéndase esto como especialización y no como discriminación” explica Edgardo.

Es que lo cierto es que en el Yôga Antiguo la propuesta era para jóvenes porque la esperanza de vida en esa época era mucho más baja –llegaba hasta los 40 años aproximadamente- de lo que es hoy. Es para mantener ese tipo de propuesta que la Unión Internacional promueve esta filosofía para quien fue concebida: el público joven y sano.

Por otra parte, aclara su presidente, “no queremos entrar en esto de desvirtuar la propuesta original. Además –señala– dirigimos la actividad a este tipo de público porque nuestra tarea es formar instructores”.

Educar a los docentes

Así, esta institución se dedica a formar profesionales que puedan montar, a su vez, su propio lugar de enseñanza, y el interés y el énfasis puesto en formar instructores está relacionado con seguir transmitiendo esta filosofía.

Si se lo damos a alguien que sólo lo usa para él, cuando esa persona no esté más en este mundo eso se pierde, y como todo este conocimiento llegó a nosotros por el trabajo de Maestros que transmitieron a discípulos que se transformaron en Maestros, nosotros simplemente queremos mantenerlo. Yo lo aprendí y lo enseño y sigo aprendiendo. Y si formamos profesionales sumamos dos cosas: la filosofía con la profesión” dice solidariamente el Maestro Caramella.

Por eso, mientras haya alguien dispuesto a aprender y alguien dispuesto a enseñar, esta técnica milenaria seguirá manteniéndose viva… para beneficio de toda la humanidad.