El Yoga contra la violencia del día a día

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No hacer daño a los demás ni a nosotros mismos, es la primera exigencia del Yoga: “No Violencia”. Cuando nos dañamos a nosotros mismos, creamos limitaciones. Ya que vivimos en un mundo de violencia y nadie queda excluido de esta realidad, es preferible ir en contra.

¿En qué me puede ayudar la práctica del Yoga?

Para Yoga el hombre es feliz, y por lo tanto, no violento, cuando entrega a la vida todas sus posibilidades y participa. Eso no sucede repentinamente. Se da a través de la progresión (Vinyasa): no se puede saltear etapas. Es necesario seguir las leyes de la naturaleza y por lo tanto darnos un tiempo para estar en contacto con ellas. Pedimos, con razón, más espacios verdes. Pero las plazas tienen cada vez menos niños. ¿Dónde están? ¿Frente a la televisión? ¿En la computadora? El niño se desarrolla a través de sus sentidos, y los primeros en hacerse presentes son el olfato y el tacto. Si están frente a una pantalla, esos sentidos están ausentes. Es grave quitarles el apoyo de base que les permite una vivencia personal y por lo tanto irreemplazable.

De las sensaciones al mental, del mental a las sensaciones. Esa evolución del niño a través de sus sensaciones debe estar presente también en el adulto. Desarrolló su mental, es capaz de expresarse verbalmente, de comprender y comparar. Ahora está en condiciones de sentir conscientemente y por sus sensaciones está capacitado para crear. Crear es dar a ver algo que aún no ha sido visto. El lenguaje de la profundidad es sensorial.

 

¿Por qué somos cada vez menos sensibles? 

Estamos asediados constantemente por imágenes y mensajes de violencia, y buscamos protegernos. Se nos dice: “No podemos estar ajenos a la realidad”. ¿Pero esa es la única realidad del mundo? Estoy absolutamente convencida de que no. Todos los días hay cantidad de personas que hacen el bien, que se preocupan por los demás, y que no consideran eso como un sacrificio sino como un accionar natural.

Hay estudiantes que en realidad lo son. Quieren capacitarse para desarrollar sus posibilidades cooperando con la permanencia de la vida.

Para el Yoga no hay energías negativas sino energías mal colocadas. Coincidiendo, Amado Nervo decía: “El hombre que mira las estrellas es parte de las estrellas. El hombre que mira el lodo es parte del lodo. Allí donde va tu insistente mirada va parte de tu ser”.

Entonces pedimos que no nos asedien mostrando sólo una parte enferma del mundo, sino esa parte maravillosa que es en esencia el ser humano.

El Yoga nos lleva a vivir nuestra propia experiencia, preparándonos física, mental, emocional y esencialmente. De ese estado de unidad nace una autovaloración y una responsabilidad. En el otro extremo están esas personas que se debilitan, que pierden su particularidad y se convierten en rebaño. Apelan entonces a las drogas para experimentar algo diferente. Lo esencial no tiene palabras, es una sensación de ser. Un estado de plenitud.

La práctica de Hatha Yoga no consiste en ir de posturas simples a posturas más complejas, sino de pasar de estado a estado. En una clase, lo más importante para mí es ver el cambio de la expresión de las caras y las manos palpando el espacio.

La meditación es un estado de total presencia y conciencia. La drogadicción un estado de ausencia e inconciencia.

 

Por Susana Balech

 

Realizó su formación en Yoga a partir de 1963 con Swami Shivapremanada. Es Presidenta Honorífica y Profesora de la Federación Argentina de Yoga. Profesora de Yoga de la Federación Italiana “Scuole Yoga”, Génova, Italia. Miembro Adherente de la Federación Francesa de Yoga. Profesora de Yoga de la “International Academy”, Estados Unidos.