De qué se tratan los retiros de Yoga

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meditacion

Lidia Schmidberg, instructora de yoga y chi kung, y Emma Buceta, licenciada en psicología y especialista en Gestalt, organizan desde hace 15 años retiros para grupos de mujeres. En medio de la naturaleza, las ayudan a bucear en su interior y a recuperar la felicidad y la alegría.

Cuando Lidia Schmidberg viajó a la India junto con otros 47 instructores de yoga, no fue el imponente Taj Majal lo que más la sorprendió, no fueron los increíbles sabores de las especias típicas y tampoco los lugares que conoció. Lo que más sorprendió a esta mujer -que ya había viajado por el mundo- fue descubrir cómo se las podía arreglar sola. Y además, de yapa, encontró que realmente disfrutaba de estar lejos, manejarse de forma independiente, y quitarse por un rato las responsabilidades de su casa. “Ese mes que pasamos en la India y luego en París, fue absolutamente revelador para mí. A la vuelta, comencé a dar forma al primer retiro que hicimos con mis alumnas del instituto de yoga”, recuerda, con un tono alegre y orgulloso.
Una vez al año, y desde hace ya quince, Lidia emprende un viaje hacia algún paraje, y junto a la psicóloga Emma Buceta, su coequiper, y un grupo de entre 10 y 15 alumnas, pasan una semana entre yoga, ejercicios, terapias gestálticas y meditación. Y, claro, como es de suponer, en un grupo tan grande de mujeres también hay lugar para la charla, la amistad, un poco de turismo y mucha diversión. “Muchas mujeres me dicen que, para ellas, éstas son sus verdaderas vacaciones”, explica Lidia. La anécdota de aquel primer viaje sola se transformó en uno de los principales objetivos de estos retiros de yoga, que año a año suman más interesadas. Al primero fueron doce: viajaron a Córdoba, y al volver confirmaron que la idea era brillante, porque todas preguntaron: “¿Y el año que viene adónde vamos?”. Así visitaron varios puntos del país, como Merlo, San Luis; La Paz, en Entre Ríos; Tandil y Sierra de la Ventana, en Buenos Aires; el Castillo de Guerrero, camino a Mar del Plata, y dos veces fueron a Santa Ana, cerca de Colonia, en Uruguay.

Más que mirar hacia adentro

La propuesta de estos retiros de yoga va un poco más allá de un camino que posibilite la introspección. “Quiero aclarar que lo que hacemos aquí no es terapia, sino que empleamos distintas técnicas de Gestalt. Con las chicas, intentamos trabajar en la importancia del darse cuenta, de poder aprender a decir lo que se siente, y profundizar en la coherencia entre lo que se siente, lo que se piensa y lo que se hace. Es, en cierta forma, desinhibirse, porque a veces, en lo cotidiano, se va perdiendo la alegría. Lo que queremos es, finalmente, recuperarla y aprender a vivir mejor”, explica Emma.
Los métodos que proponen para explorar en el interior de cada una y ayudarlo a aflorar son de lo más variados y entretenidos. Con una técnica de pintura con los dedos, se ponen a trabajar en duplas. Primero, cada una en su espacio, y luego en el área donde una y otra se conectan. “Es impresionante cómo aparecen las personalidades: hay algunas súper estructuradas, que necesitan dibujar algo concreto, pero también hay quienes se sueltan y aparecen unas obras hermosas”, cuenta Emma. También exploran diferentes sonidos que se pueden realizar con objetos poco frecuentes, como pueden ser diferentes tipos de papeles. Una de las integrantes es profesora de música, entonces les enseña cómo mover los papeles, luego lo hacen todas juntas y lo graban. Esa orquesta, más tarde, les sirve de música para acompañar sus meditaciones. “Muchas veces, son las mismas participantes las que ayudan a coordinar estas actividades: si alguna tiene una habilidad, puede compartirla con el resto, enseñarles y, también, sentirse parte importante del transcurso de nuestros días en el retiro”, relata Lidia.

La naturaleza como premisa

Todos los años, Lidia y Emma se toman el trabajo de recorrer varios lugares hasta dar con el indicado. Inspeccionan la limpieza, las comodidades y, sobre todo, miran bien qué es lo que hay alrededor. “Siempre buscamos que haya cerca un río, un arroyo, alguna montaña. Estar rodeadas de la naturaleza más pura es importante. Por la tarde, uno puede escuchar el canto de los pájaros, aprender a disfrutar del silencio, o cantar mirando la puesta de sol”, cuenta Emma. Esta elección no es arbitraria: ellas aseguran que todos estos componentes hacen que la idea de ‘apartarse de la rutina’ sea completa. Incluso, les sugieren que dejen de lado los teléfonos celulares y que no estén pendientes de llamar a sus familias a tal o cual hora.
“Muchas tienen miedo de dejar a su familia. Mi consejo siempre es: llená el freezer, dale a tus hijos la responsabilidad, junto con los imanes del delivery. Si los chicos se van de campamento, y el marido se va de pesca, ¿por qué ellas no se pueden tomar unos días también? La consigna es: podés irte y despreocuparte, que todo va a seguir funcionando”, asegura Lidia.
“A esta altura, más que mis alumnas, son mis amigas”, confiesa. En 2006, para festejar los 15 años, viajaron a Santa Ana y hasta tuvieron su fiesta, con vestidos blancos y torta, en una cena de gala en el hotel. El grupo actual está formado por mujeres de edades que van desde los 43 hasta los 70. Sin embargo, esas diferencias desaparecen cuando se trata de compartir este proyecto, que todas disfrutan y esperan ansiosas cada año. “Una vez, en el Castillo de Guerrero, habíamos realizado una meditación muy profunda. Cuando nos estábamos levantando, mientras nos desperezábamos, una de las chicas se sentó frente a un piano de cola y comenzó a tocar un vals de Chopin. Ese momento extraordinario nos conectó de una manera muy especial y quedamos realmente conmovidas”, recuerda.
Cada actividad está planeada y pensada para que tenga cierta conexión con las otras a lo largo del retiro. Las clases de yoga, que incluyen técnicas de chi kung, llevan al plano del cuerpo lo que se trabaja en los talleres con la psicóloga. Y las actividades creativas sirven de disparador para dar un cierre a cada punto sobre el que se trabaja. El resto del trabajo, claro, debe continuar, cada día, dentro del corazón de cada una de ellas.

Reglas para todas

Aunque el promedio de participantes en estos Retiros de Yoga es de 12, algunos años llegaron a ser 18. Para poder convivir durante una semana, las mujeres tienen reglas que hacen cumplir entre todas y, hasta ahora, les dieron muy buenos resultados.

  • Puntualidad: las horas importantes, como la de levantarse y la de cenar, son respetadas a rajatabla. Eso permite realizar todas las actividades planeadas sin demoras.
  • No hablar durante las clases de yoga: Lidia Schmidberg explica que se podrían interrumpir momentos clave del trabajo. “Para eso están los vestuarios”, bromea.
  • No interpretar: la psicóloga Emma Buceta dice que eso podría interferir en la exploración que cada una hace de sus sentimientos.
  • No aconsejar: la idea es que cada una realice ese proceso de manera íntima y privada. En los casos en que sea necesario, existen las charlas con la terapeuta, que se pueden tomar a lo largo de todo el retiro.