Mente sana en cuerpo sano

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Somos una unión que, para funcionar correctamente, debe estar equilibrada. Sepamos más de esta relación cuerpo-mente-deporte, en esta nota.

Un ejemplo contundente de cómo relacionar la mente con el deporte son las artes marciales y el yoga, que es un ejercicio de estiramiento del cuerpo y además se ufana de la relajación para lograr el equilibrio entre cuerpo y mente. Las artes marciales radican en tradiciones y prácticas codificadas y el objetivo básico es someter o defenderse mediante la fuerza. Una particularidad de estas prácticas es que se excluye el uso de armas de fuego o algún otro armamento moderno. Lo que diferencia a las artes marciales de la mera provocación con violencia física (peleas callejeras, por ejemplo) es la organización de sus técnicas en un sistema coherente y la codificación de métodos efectivos. En la actualidad las artes marciales se practican por diferentes razones que incluyen: el deporte, la protección y el desarrollo personal, la salud, la disciplina mental, el desarrollo del carácter y la autoconfianza. Como el significado estricto es el de “artes militares”, se aplica a todo tipo de forma de lucha cuerpo a cuerpo y a las artes militares históricas. Por esta asociación con la lucha y con las armas, incluye conocimientos relativos a sistemas que tradicionalmente se han considerado modalidades deportivas (ej. boxeo, esgrima, arquería y lucha libre, entre otros). Simplificando su definición, las artes marciales son estilos de combate y una expresión del ser humano y, como todas las artes, no necesariamente son concebidas de manera sistemática o científica.

Artes marciales, sus comienzos

Algunas pinturas rupestres que fueron encontradas en la antigüedad, entre el 10.000 y el 5.000 a.C., son figuras que representaban las luchas entre hombres. Estas formas reflejaban las tendencias de algún tipo de pelea de índole militar y utilizaban siempre los puños, no había armas, pero sí unas protecciones parecidas a los guantes que llegaban hasta el codo.

Aunque tampoco es necesario irnos tan lejos en la línea cronológica para encontrar el verdadero origen de las artes marciales. Podemos hallarlo en Japón, aunque esta teoría no es del todo cierta. Posiblemente, la más acertada sea la de un sistema de lucha sin armas que surgió en India, centrando su cuartel general en China y tuvo un importante punto de desarrollo en la isla de Okinawa. China es el centro neurálgico de comunicaciones entre oriente y occidente, y constituyó la unión entre las naciones del mundo antiguo. Por esta razón, China fue el principal caldero de todos los sistemas de combates sin armas de la antigüedad.

En el aspecto cultural podríamos decir que fue la época de máximo esplendor, a nivel filosófico y religioso, con la presencia de los grandes pensadores como Confucio y Lao Tse. Este período se extendió aproximadamente del siglo X al III a.C. y estuvo profundamente influenciado por las artes marciales.

Dentro de las artes marciales se encuentra el karate -también de origen japonés- que es, si se quiere, el deporte más practicado en nuestra sociedad dentro de este género. El marco general de desarrollo fue en los pueblos de oriente, adaptándose a las mentalidades de la época y a las costumbres de esa humanidad. Se mezcló con las luchas autóctonas y también recibió influencias de los pensamientos filosóficos entonces vigentes. Todas las artes marciales siempre han estado rodeadas de una dosis de fantasía por ser destrezas orientales, donde hay infinidad de historias magnificadas por personajes de aspecto débil que derrotaban a terribles adversarios, dando lugar a mitos y leyendas.

No debemos olvidar que occidente ha tenido siempre una gran curiosidad por las costumbres de estos países lejanos y exóticos que han provocado el desarrollo de una imagen algo distorsionada de la realidad. La forma en que occidente caratuló a estos temas debido a grandes intereses económicos, y también deportivos, ha hecho que las artes marciales se arraiguen con fuerza en occidente pero a base de fundamentos ajenos a la intención real de estas artes y de sus grandes maestros.

Desde los orígenes del karate, la participación del hombre no sólo fue por el aspecto combativo, sino también por la práctica de la meditación zen, considerando al pensamiento filosófico como el mejor aporte al sistema formativo espiritual del propio practicante, haciéndolo partícipe y utilizando todo ello como forma de relación personal y forma de vida.

Si bien el yoga no es un arte marcial expresamente de lucha, es considerado un “deporte” con orígenes en la filosofía oriental. Por el ritmo de vida de occidente, la población se lo ha apropiado, ya que está estrechamente emparentado con la relajación y el pensamiento, lo que es beneficioso para contrarrestar los efectos de la rutina.

Estos problemas, entre otros, que son moneda corriente en nuestra sociedad hacen que el hombre actual, su ritmo de vida, sus manifestaciones secundarias, le lleven a un enrarecimiento prematuro de su cuerpo y de su mente. Esta tendencia puede evitarse con la práctica de cualquier arte marcial que lo lleve inmediatamente al estado de relajación.