Cómo combatir la alimentación nocturna

Comparte esta nota!
  •  
  •  
  •  
  •  
  •  
  •  

Comiendo-en-la-noche265

Este trastorno alimenticio existe y puede llevar a la obesidad: levantarse por la noche, ya sea para atiborrarse de comida, terminar el último pedacito de torta o simplemente para “picar algo”. 

Este síndrome, que no exclusivo de las personas con sobrepeso, provoca levantarse entre una y cuatro veces por noche para ingerir unas 300 calorías en promedio. Aproximadamente el 1,5 % de la población general lo sufre.

En la soledad de la noche, cuando todos duermen, algunas personas desarrollan conductas alimenticias que pueden ser el primer paso de patologías graves. En efecto, levantarse por la noche para comer de manera compulsiva forma parte de un trastorno de conducta alimenticia que suele desencadenar problemas con el peso. No se trata, claro, de una noche aislada en la que la tentación nos vence, sino de una conducta que se repite y de un patrón de comportamiento que resulta inmanejable para la persona que lo padece.

En este informe especial, sepa en qué consiste este síndrome, cuáles son sus causas y conozca las mejores claves para combatirlo.

No es cuestión de peso

Hasta ahora siempre se había pensado que este comportamiento típicamente compulsivo era exclusivo de las personas con sobrepeso y la imagen que representa este trastorno en el imaginario colectivo es la de una persona obesa y descontrolada, que no puede reprimir sus ganas de seguir comiendo aunque el reloj marque la hora de dormir.

Sin embargo, un estudio realizado hace poco tiempo demuestra que, una vez más, la realidad no coincide exactamente con la imagen que nos hacemos de ella: según los investigadores, si bien es cierto que este desorden de la conducta se presenta en mayor medida en personas con problemas de obesidad, también lo es que puede afectar a individuos de muy diferentes pesos y contexturas físicas.

La investigación, cuyas conclusiones fueron publicadas por el “International Journal of Eating Disorders” (Periódico Internacional de Desórdenes Alimenticios), se ocupó de evaluar a 80 personas para identificar trastornos de la alimentación y analizar sus causas y sus relaciones con el sobrepeso. Para llevar adelante este análisis, la mitad de los participantes tenía obesidad y el resto un peso normal. Todos ellos fueron identificados a través de un cuestionario como afectados por el síndrome de comer por la noche. Tras comparar los datos de un grupo y otro, los investigadores observaron que no existían muchas diferencias entre ambos, excepto que las personas sin obesidad eran nueve años más jóvenes que sus compañeros.

Entre las similitudes evidentes entre ambos grupos, se observó que compartían muchos hábitos alimenticios y de sueño. Por ejemplo, tanto obesos como sujetos con un peso normal tenían el mismo número de problemas para dormir, el mismo apetito por la mañana y similar falta de control sobre su compulsión alimenticia durante la noche. Además, muchos de los comedores nocturnos obesos pensaban que su tendencia a picar por la noche precedió a su ganancia de peso.

Así se determinó que aproximadamente, el 1,5 % de la población tiene este síndrome, aunque este porcentaje aumenta en las personas obesas hasta alcanzar el 15 %.

Más que una molestia

Los resultados de este estudio sugieren que el síndrome de comer por la noche es algo más que una simple molestia que interfiere con un buen descanso nocturno y que conduce a un leve aumento de peso: más bien se trata de un síndrome que afecta severamente la calidad de vida de las personas que lo padecen, además de alterar sus hábitos alimenticios.

En efecto, los expertos señalan que el síndrome de alimentación nocturna provoca que alrededor del 50 % del consumo de comida diaria se realice después de las ocho de la noche, cuando lo ideal sería hacer exactamente al revés, como bien dice el saber popular: “desayunar como un rey, almorzar como un príncipe y cenar como un mendigo”.

Según el doctor Albert Stunkard, uno de los autores del estudio, las personas con este síndrome se levantan entre una y cuatro veces durante la noche, y los aperitivos que toman equivalen a unas 300 calorías. Y debido a este trastorno, además de aumentar de peso se sienten frustradas por no poder controlar sus ansias de comida y sufren una disminución importante de sus horas de sueño, por lo que se encuentran más cansadas al día siguiente y, por ende, rinden menos.

Así, el estudio del Dr. Stunkard identifica tres problemas que los “comedores nocturnos” sufren: desorden alimenticio, desorden en el ritmo del sueño y desorden en el estado de ánimo.

Causas

Este síndrome, que fue identificado por primera vez en 1955, parece estar más relacionado con factores emocionales como la tensión, el estrés, la preocupación frente a un problema concreto o la angustia más que con el hambre y las causas orgánicas relacionadas con el sistema digestivo.

Sin embargo, todavía no se ha definido formalmente como desorden alimenticio y en esta etapa de la investigación se están identificando las causas subyacentes para desarrollar los tratamientos adecuados. De hecho, los investigadores creen que es probable que una combinación de factores biológicos y emocionales contribuya a intensificar el problema.

Conductas de riesgo

A pesar de la ausencia de perfiles psicológicos y de conducta relacionados con el desarrollo de la obesidad, lo cierto es que los investigadores identifican un subgrupo de sujetos obesos que manifiestan patrones de sobrealimentación con una base emocional.

En efecto, cerca del 10 % de los sujetos obesos (y tratándose de mujeres este porcentaje aumenta notablemente) desarrollan un síndrome de alimentación nocturna que se caracteriza por no comer grandes cantidades en las mañanas, pero por presentar episodios de voracidad y atiborramiento por las tardes y las noches. Al parecer, las tensiones de la vida precipitan estas conductas que tienden a persistir hasta que estas tensiones son aliviadas.

Otro subgrupo más pequeño, conformado por cerca del 5 % de la gente obesa, son personas glotonas con crisis emocionales que tienden a ocurrir después de alguna situación estresante: en estos casos, al desaparecer la tensión o la situación que provoca las crisis no desaparecen sin embargo los atracones o las comidas compulsivas, creándose de esta manera un patrón alimenticio característico y muy difícil de combatir.

Síntomas

El síndrome de alimentación nocturna se caracteriza por los siguientes síntomas:

  • Carencia de apetito o apetito disminuido durante el día y apetito creciente en la noche.
  • Insomnio.
  • Alteración en la producción y secreción de determinadas hormonas.
  • Tensión, ansiedad y sentimiento de culpabilidad mientras come de noche.
  • Tendencia a comer alimentos ricos en carbohidratos como azúcares y alimentos almidonados.

Diagnóstico

Si usted sospecha que padece el síndrome alimentación nocturna, lo primero que debería hacer es coordinar una visita con su médico clínico para que le realice un examen físico completo y otra con su nutricionista para que evalúe si sus conductas efectivamente pueden enmarcarse dentro de una alteración de este tipo.

Tratamiento

Un médico nutricionista puede ayudar a las personas que presentan este trastorno de la conducta a desarrollar planes de comida que distribuyan las comidas uniformemente a través del día de modo de disminuir la carga calórica durante las horas de la tarde y la noche.

Recuerde que lo importante, siempre, es consultar con un médico y no dejarse llevar por los prejuicios o la inhibición. Más allá de lo que generalmente se cree, este síndrome es un fenómeno muy extendido que puede curarse y que se resuelve, ante todo, buscando ayuda profesional.

Algunos consejos

Mientras los científicos siguen investigando cómo diagnosticar tempranamente para combatir de manera más eficaz esta dolencia, las personas con el síndrome de alimentación nocturna puede desarrollar algunos buenos hábitos para disminuir los síntomas. Aquí van algunos consejos para lograrlo:

  • Comer una buena cena antes de irse a la cama pero no atiborrarse de comida.
  • Evitar las pastillas para dormir o los antidepresivos.
  • Llevarse a la cama una fruta para comer una o dos horas después de terminar la cena.
  • Aprovechar las infusiones, como el té o el café, para dar por terminada la comida.
  • Lavarse los dientes dos veces por la noche: la primera inmediatamente después de terminar de cenar y la segunda antes de acostarse.
  • Consultar con un médico si usted cree que padece este síndrome.

Darse cuenta

Estas son algunas de las principales características que pueden estar señalando que una persona padece el síndrome de alimentación nocturna:

  • La persona tiene poco o nada de apetito para el desayuno y retrasa la primera comida varias horas después de despertar.
  • Come más alimento después de la cena que durante esa comida.
  • Después de la cena y antes del siguiente desayuno come más que la mitad de ingesta diaria y este patrón de conducta ha persistido por lo menos por dos meses.
  • La persona se siente tensa, ansiosa, trastornada o culpable mientras come.
  • Como este síndrome está relacionado con la tensión y es acompañado a menudo por la depresión, especialmente en la noche la persona puede mostrarse cambiante, tensa, ansiosa, nerviosa, agitada, etc.
  • Los alimentos injeridos son a menudo carbohidratos o golosinas.
  • Se levanta varias veces por noche para comer.

Dulces para el mal humor

Por el momento, los investigadores que analizan este síndrome están especialmente interesados en los alimentos elegidos por los comedores de la noche.

Parece ser que la preferencia por los carbohidratos, que accionan el cerebro para producir sentimientos positivos, sugiere que el comer por la noche puede ser una tentativa inconsciente a los problemas del humor que uno mismo trata de curar.

Así, es probable que personas deprimidas o con alteraciones del ánimo intenten encontrar en la heladera un refugio para calmar su malestar.

 

Maldito estrés

Otro estudio realizado últimamente señala que el síndrome de alimentación nocturna, caracterizado por falta de apetito durante el día e insomnio y aumento del apetito por la noche, podría deberse a una respuesta anormal del organismo frente al estrés.

En efecto, un trabajo realizado por un quipo de investigación nórdico y publicado en una revista especializada en temas de endocrinología indica que este trastorno puede estar provocado por una deficiencia corporal en respuesta a situaciones de estrés. “El síndrome de alimentación nocturna es una condición asociada a una respuesta corporal y no a un estado de ánimo”, aseguran los responsables de esta investigación desde la Universidad de Tromso, en Noruega.

De comprobarse esta hipótesis, que hace hincapié en la deficiente relación que existe entre la glándula suprarrenal, el hipotálamo y la hipófisis de las personas que padecen este trastorno, tal vez se abra una luz de esperanza para encontrar tratamientos químicos adecuados que permitan corregir este desorden.

Mientras tanto, las personas que padecen este síndrome deberán seguir atentamente las recomendaciones de sus nutricionistas y, lo más importante, tendrán que aprender que la noche se hizo para dormir.