Quienes ya se han ido de esta vida aparecen en los sueños de sus seres amados

Comparte esta nota!
  •  
  •  
  •  
  •  
  •  
  •  

sueños

¿Existe un espacio más allá de la vida? Si no fuera así, no se justificarían nuestras búsquedas espirituales, y el hecho de que, desde que el hombre es hombre, ha vivenciado experiencias religiosas y organizado distintas formas de Religiones, Mitos y Leyendas vinculados a esos posibles espacios. Tampoco, lo que es aún más grave, encontraríamos significado a nuestras vidas actuales, reducidas a este brevísimo tiempo dentro de un tiempo infinito. Si existen entonces esos espacios más allá de la vida, o más allá de la muerte, ¿es posible que podamos establecer contacto con ellos? A través de diversas vivencias: estados alterados de conciencia, experiencias de cuasi-muerte, fenómenos parapsicológicos (telepatía, pre y retrocognición) contamos con registros suficientes como para atestiguar la existencia de estos contactos con esos espacios otros. ¿Podemos entablarlos a través de los sueños? Jung relata que luego del fallecimiento de su esposa Emma, tuvo un sueño en que ésta se presentaba y le solicitaba un tipo de información que necesitaba para continuar con su trabajo sobre “El Grial”, inconcluso por su muerte, indicándole en dónde podría encontrarlo. Corroboró esa indicación, encontró esos materiales, y comenta que esto no sólo le confirmaba la posibilidad de vida más allá, sino también que, de alguna forma, es posible la continuidad de lo que veníamos realizando en esta vida. Esto nos habla de que un lazo de profundo amor con su mujer durante más de 50 años, continuaba, y que los sueños le permitían sostener ese contacto.

Es frecuente, y contamos con una casuística importante, que las personas se presenten en los sueños de sus personas amadas en momentos que coinciden con el instante de su muerte. También en sueños posteriores. Como si existiera una continuidad que no se interrumpe con la muerte. Puede que necesiten los sueños ayudarnos a elaborar nuestro duelo, pero puede que las personas que se han ido necesiten comunicarse y darnos cuentas de que se encuentran en algún otro lugar y quieren transmitirnos ese conocimiento.

Desde tiempos muy remotos tenemos información de que los sueños (en textos Sagrados, en Visiones, Profecías, Mitos, Cuentos o Leyendas) han sido por siempre una membrana delicada de conexión con espacios otros. Nos hablan o hablamos con mundos otros. Espacios que no podemos reconocer desde nuestra historia actual. Algunos lo atribuyen a Vidas Pasadas (¿y por qué no futuras?) y en muchos casos se puede comprobar la realidad de esas imágenes que acuden a nosotros en estados de relajación profunda o hipnosis o en nuestros sueños. Hillman, un terapeuta Neo Junguiano, nos habla de espacios “Imaginales”, regiones intermedias entre Un Dios no Manifestado y Dioses o semi Dioses (Demiurgos manifestados); un espacio habitado por nuestro propio mundo psíquico y compartido con Ángeles, Arcángeles y formas diversas de manifestación: monstruos, dragones, demonios. Cielo e Infierno, pero no en el sentido bíblico de condenación y premio, sino como nuestros propios espacios generadores de formas.

Abriendo la Puertas de la Percepción, como decía Aldous Huxley, podemos anticipar esa otra topología imaginaria, que no sólo nos anticipa un posible lugar futuro sino espacios en los que habitamos ya en este momento y de los que nuestros Sueños nos dan cuenta. Como si fuera una red infinita en la que se entrelazan nuestros sueños y los de todos, tejiendo un telar cósmico en que todo esta unido y donde sin embargo también nos podemos rescatar como seres únicos, irrepetibles: lo que hacemos o dejamos de hacer tiene su sentido en la trama de esa red.

Nuestras vidas se re-significan y adquieren trascendencia. Nada de lo humano nos es ajeno y tampoco nada de los mundos superiores es ajeno a nosotros mismos y nuestra implicación y contribución en esa sinfonía universal. No son espacios a los que debemos esperar para llegar, son posiblemente los mismos que recorremos todas las noches en nuestros sueños.

Estamos hechos de la sustancia de nuestros sueños, decía Shakespeare. Podemos nosotros tejer y destejer en ese telar cósmico. Hacemos sustancia al soñar.

Por Ariel Baldrich