El camino de la salvación hacia uno mismo

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El camino de la salvación

¿Por qué a algunas personas parece irles siempre mal y otras parecieran no tener ningún problema?
Todos nacemos con voluntad, con inteligencia y con emociones. Pero al principio de nuestra evolución, cuando nuestras conciencias sólo empiezan a asomar, ya sea en los primitivos pasos de la especie, o en nuestra primera juventud y madurez, estas facultades son utilizadas para la cruda supervivencia personal y la de los nuestros. Ya que la niñez (no en todos los casos, pero sí en muchos) fue el refugio de nuestras vidas tiernas que crecían al amparo de nuestros padres, dulce tiranía cuando se la ve a lo lejos, a la luz de nuestros recuerdos de adultos.
Luego la vida nos llevó a crecer, empujón interminable al que en general nos rebelamos, porque no lo elegimos, porque nos arrastra consigo y porque tenemos que optar, dentro de nuestras limitadas posibilidades, entre hacer una vida creativa con todos sus goces y sus riesgos, o en adaptarnos a la sociedad, con toda su seguridad ilusoria. Y allí muchos desplegamos un triángulo de plomo, que nos va arrastrando hacia abajo ¡y nosotros sin saberlo!

Hecho por tres facultades densas: una voluntad pesada y arrasadora, que suele ser la de la horda primitiva, y aún en pleno siglo XXI, levanta oleadas de admiración con la voluntad del jefe mafioso que domina los carteles y sus mercancías y con ellos el dinero y el poder, con el que recompensa a los que lo rodean, que pululan a su alrededor.
Una inteligencia racional que es usada, no siempre pero sí en gran medida, para especular y para obtener preeminencia, prestigio, reconocimiento… ¡dinero y poder! Y muchas veces (¡tantas, tantas como conocemos!) sin escrúpulos sobre qué consecuencia traerá sobre nuestros semejantes o sobre el medio en el que todos vivimos, el resultado de nuestros manejos… “inteligentes”.
Y los sentimientos que son elegidos por el solo hecho de que nos hagan sentir bien, sin ponernos a analizar adónde nos lleva ese impulso irrefrenable que nos hace sentir tan alegres, y luego suele provocarnos tantos dolores.

Eso es vivir dentro de ese primitivo triángulo de plomo, con nuestras facultades negativizadas, y sin tener todavía ningún sentido crítico que nos ayude a descubrir en qué nos equivocamos, para sufrir después tantos dolores en nuestras vidas.
En mi último libro, El Quinto Elemento, muestro cómo encontrar la puerta para empezar a producir la Alquimia Interior, que hará nacer en nosotros el Triángulo de Oro.
Primero, hay que aprender a observarnos para ver si vivimos bajo el triángulo de plomo. Si descubrimos que, en realidad, nuestra voluntad es mala voluntad, que finalmente nos daña a nosotros y a los demás; si descubrimos que nuestra inteligencia, aún siendo brillante, no nos trae la dicha ni la plenitud a nosotros ni a los que nos rodean; y si descubrimos que nuestros sentimientos son en general negativos, y prevalecen el rencor, la envidia, el resentimiento, el odio, la venganza, con las que vamos ensarzándonos con los demás por el mundo… Es hora de empezar nuestro proceso de Alquimia Interior.

Cambiando paso a paso, con discernimiento, con esperanza, con alegría: la mala voluntad en Buena Voluntad. La inteligencia dañina en Inteligencia Integradora. La emoción desesperada y negativa en aprecio, y luego en Amor. ¡Y aquí estaremos haciendo nacer en nosotros el Triángulo de Oro! ¡El camino adecuado, que te llevará hacia descubrir un nuevo sentido de la vida, con toda la felicidad y la plenitud que estás buscando!

¿Difícil? ¿Imposible? ¡Claro que no!
¡Seguí leyendo, y verás cómo muchas personas resplandecientes que están construyendo su Triángulo de Oro en el mundo entero, te mostrarán cómo hacerlo!

Por Amalia Estévez