Aprender a reconocer las fobias

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fobia

A diferencia de otros trastornos de ansiedad como los ataques de pánico, en los que la primera crisis nerviosa es intempestiva e inesperada y puede sorprendernos en cualquier lugar y momento, las fobias específicas constituyen un miedo desproporcionado e irracional a una situación o a un objeto en particular que se va gestando lentamente y aumenta con el tiempo hasta transformarse en una condición inhabilitante para realizar determinadas actividades, muchas veces necesarias y hasta imprescindibles para llevar adelante una vida saludable y activa, tanto en el ámbito laboral como en ciertos aspectos personales.

No poder viajar en un ascensor hermético, tener pánico de subir a un avión o de conducir un vehículo o sentir asco por animales como perros, palomas y gatos, podrían parecer a priori cuestiones menores y fácilmente solucionables para quienes tienen la suerte de no tener que vivirlas como si se tratase de una cuestión de vida o muerte. Sin embargo, en forma similar a lo que ocurre con un alcohólico y su adicción, el sujeto que sufre alguna fobia va estructurando su vida alrededor de ese temor: permanentemente trata de evitar enfrentarse con el objeto o la situación que le disparan el miedo… lo cual, lejos de mejorar su situación, aumenta su patología, provocándole una sistemática disminución en su calidad de vida. En esta nota le contamos de qué se tratan estas fobias y cómo enfrentarlas para recuperar la calidad de vida que nunca debería haberse perdido.

Más miedo, menos vida

En algunos casos, la fobia impide llevar a cabo las tareas cotidianas: es lo que les sucede aquellas personas que necesitan conducir un vehículo por razones laborales, a los que se ven obligados a cancelar viajes en avión, o a quienes evitan visitar a seres queridos que tienen mascotas o que, simplemente, viven en departamentos en pisos altos.

Y muchas veces se tiene plena conciencia de lo irracional que resulta la fobia: así, el paciente fóbico puede reconocer sin problemas que una paloma no va a hacerle daño, o bien que las chances de morir ahogado en un equipo de resonancia magnética funcional son prácticamente nulas. Sin embargo, las estadísticas indican que 1 de cada 4 de estos estudios tienen que suspenderse porque la persona no tolera la sensación de sofocamiento a la hora de ingresar en estos equipos.

Las fobias más comunes

  • Claustrofobia: es un miedo injustificado que surge ante situaciones de encierro y que es sufrido por entre 12 y el 15 por ciento de la población mundial, constituyendo el caso de fobia más común en la actualidad. Si bien el caso más conocido es el temor a quedarse encerrado en un ascensor hermético, el lugar también puede ser una habitación sin ventanas o con poca ventilación. En casos en los que la claustrofobia está más desarrollada, la persona no puede siquiera viajar en el asiento de atrás de un auto pequeño o tipo coupée porque siente que morirá asfixiada, y hasta llega a evitar ponerse una bufanda para no tener que atravesar por la sensación de ahogo que en pocos instantes le desencadenará el miedo.
  • Aerofobia: es el temor a volar en avión y constituye, hoy en día, el segundo gran grupo de fobias específicas.
  • Agorafobia: al contrario de la anterior, es el miedo a los espacios abiertos, pero puede aparecer en cualquier lugar del que la persona considere que le resultaría imposible fugar. Este tipo de fobia que afecta a cerca del 4% de las personas es sumamente incapacitante, porque empuja al fóbico a evitar ponerse en contacto con el ‘afuera’, llevándolo a desarrollar un comportamiento de evasión que va limitando la movilidad en la vida cotidiana. Por lo general la aparición es progresiva: por ejemplo, puede comenzar no queriendo viajar en subte, tren o colectivo, luego las salidas son cada vez más cerca de casa, hasta llegar a no moverse de ahí. En los casos más graves, los fóbicos incluso permanecen dentro de una habitación y dependen de un familiar para desplazarse.
  • Amaxofobia: se trata de la fobia a manejar, y forma parte de un tercer grupo de fobias específicas que viene cobrando intensidad en los últimos años. Es el miedo injustificado que se dispara a la hora de tener que conducir un vehículo en determinados lugares o situaciones: autopistas; puentes empinados; rutas en las que haya que superar los 100 kilómetros por hora; lugares donde haya niños o ciclistas cerca… Aquí el problema suele estar dado más por la reacción que dispara la fobia -que, dicho sea de paso, es sufrida por el 6 por ciento de los conductores del mundo-, antes que por la fobia en sí misma. Los nervios inundan el cuerpo del conductor cuando tiene que aumentar la velocidad o pasar a otro auto. Empieza transpirar, le tiemblan la manos y los pies y no sabe si apretar o no los pedales. Como tiene tanto miedo de que vaya a ocurrirle un accidente, trata de ir despacio, por la mano derecha, lo que lo hace entrar en situaciones de riesgo, ya que muchas veces sale de la fila y vuelve a entrar, desconcertando al resto de los conductores.
  • Fobia a los animales: si bien los casos más conocidos son los que involucran a las palomas y los perros, también existen fobias a los gatos, a los sapos y a una gran variedad de animales domésticos. En el caso de los animales, la fobia puede estar asociada con el asco, cuenta el especialista. El caso de la fobia a las palomas es paradigmático: si bien la persona reconoce que una paloma no podría hacerle daño, trata de evitar ir a las plazas e incluso a zonas cercanas para no tener que pasar por algún árbol o campanario en los que haya alguna paloma cerca. En relación con la fobia a los perros, la persona prefiere quedarse en su casa a tener que ir a visitar a un amigo con perros, o ruega de rodillas que los dejen encerrados. Además, al ser los perros animales en movimiento que tienden a acercarse, este tipo de fobia tiende a potenciarse.

Tratamiento

Una vez que reconocemos –o al menos suponemos- que padecemos una fobia, el primer paso es tener la voluntad de tratarnos. Ello supone dejar de lado los prejuicios y animarnos a enfrentar alguna que otra “cargada” de amigos o familiares empecinados en restarle trascendencia a las situaciones u objetos que disparan nuestro miedo.

En general, como todas las fobias específicas tienen las mismas características y un formato similar (más allá de la diferencia de objetos y lugares), todas pueden corregirse a través de lo que se conoce como Método de Exposición In Vivo, tratamiento en el que se intenta llevar al paciente, –en forma paulatina-, ante el objeto que tanto lo angustia, a través de una serie de técnicas y estrategias que lo ayudan a confrontar su ansiedad sin tener que escaparse (ya que el escape es justamente lo que refuerza la fobia).

Pero hay que aclarar que ello no significa que en la primera sesión el paciente va a ser llevado de los pelos al lugar donde se le dispara el miedo, sino todo lo contrario: la exposición in vivo superada con éxito no es sino la culminación del tratamiento anti-fóbico. De hecho, éste comienza con una exposición mucho más imaginaria, donde se le muestran imágenes a la persona y se conversa con ella para ayudarla a ir reestructurando cognitivamente todo su pensamiento negativo. Y existe incluso software especialmente desarrollado con este fin para trabajar las fobias en forma virtual, a través de computadoras.

Una vez que se han atravesado las distintas entrevistas y fases del tratamiento, el paciente está en condiciones de entrar en contacto real con su fobia a través de la Exposición In Vivo. Así, por ejemplo, al paciente claustrofóbico se lo ayuda para que pueda viajar en un ascensor hermético, y a los pacientes con fobia a volar se los acompaña en vuelos locales de corta duración para que vayan tomando confianza y superando su trauma. Algo similar ocurre con los perros y con las palomas, y con la amaxofobia o fobia a conducir.

Dónde recurrir

  •  Centro de Salud Mental nro 3 Dr. Arturo Ameghino (*)

Av. Cordoba 3120 – 4862-2895/2896/1202/0019/ 4863-5778/8148 (FAX) 4862-0010

  • Centro de Salud Mental y Accion Comunitaria Nº 1

Manuela Pedraza 1558 – 4702-7489/7817/9657

  • Hospital de Agudos Dr. Teodoro Alvarez (*)

Aranguren 2701 – 4611-3642/6666/3112

  • Hospital de Emergencias Psiquiatricas Torcuato de Alvear (*)

Warnes 2630 – 4521-2537/7746/8985/8908 (FAX) 4521-0832

  • Hospital General de Agudos Dr. Bernardino Rivadavia

Las Heras 2670 – 4809-2000/01 (Int 2189)

  • Hospital General de Agudos Dr. Carlos Durand (*)

Díaz Vélez 5044 – 4982-5555 (int 218) 4982-5655 Conmt. 4982-1050/ 4981-2670

  • Hospital General de Agudos Dr. Cosme Argerich (*)

Pi y Margal 750 – 4362-0420/0129

  • Hospital General de Agudos Dr. Ignacio Pirovano

Av. Monroe 3555 – 4542-5552/9279/0910/5594/5705/7205

Aquí también se brindan cursos y talleres que apuntan a la integración y recuperación de los pacientes con trastornos de conducta y ansiedad.

  • Instituto Psicosomático de Buenos Aires

Av. Córdoba 4580 – 4775-1673 / 4778-1219

 

(*) Guardia de psiquiatría las 24 hs.

Consultas, dudas, preguntas, sugerencias

Para mayor información sobre este tema y otros trastornos de ansiedad, también pueden consultar la página web www.fobiaclub.com, mandar un e-mail a [email protected] o dirigirse personalmente a la Fundación Fobia Club, en Pacheco de Melo 1827 5º Piso. Teléfono: 4804-3750.