¿Qué es la depresión infantil?

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Depresion-infantil

Aunque todavía nos parezca algo extraño, porque generalmente relacionamos a la infancia con un momento feliz y sin problemas, es un hecho indiscutible que niños y niñas pueden estar deprimidos. No se trata de “errores” por parte de los padres ni de “problemas” en el niño, sino de una patología que es posible tratar exitosamente para no afectar la calidad de vida de los que la sufren.

Aerca de la depresión infantil

La depresión infantil se caracteriza por ser una situación afectiva de tristeza mayor en intensidad y duración de lo que generalmente ocurre en un niño. Se habla de depresión mayor cuando los síntomas superan las 2 semanas y de trastorno distímico cuando pasan el mes.

Quiénes la sufren

Si bien todos los chicos atraviesan momentos de tristeza, esto no basta para que podamos hablar de depresión. En efecto, entre los dos y los cinco años de edad aproximadamente se vuelve muy difícil distinguir lo que es depresión de lo que es el nacimiento de la tristeza, la pena o la nostalgia.

Sin embargo, se cree que entre un 4 y un 6 por ciento de la población infantil ha desarrollado algún grado de depresión en algún momento de su infancia.

Síntomas

Los síntomas de la depresión infantil varían según la etapa de desarrollo del niño:

  • En los lactantes y hasta los tres años de edad generalmente se producen trastornos en los ritmos básicos, como la alimentación y el sueño, que pueden aumentar o disminuir. También se observa una cierta apatía, junto a una mayor irritabilidad y agresividad.
  • Cuando el niño ya se encuentra en etapa escolar se agregan otros cambios como el aislamiento, la negativa a jugar con sus pares; una disminución de la concentración y rendimiento; una baja autoestima, la aparición de enuresis (se hace pis encima, especialmente de noche) y conductas fóbicas como no querer salir de la casa o no poder despegarse de la mamá.

Diagnóstico

Los criterios generales para diagnosticar depresión infantil son la presencia de estados de ánimo caracterizados por la tristeza, el retraimiento o la irritabilidad y al menos tres de los siguientes síntomas:

  • Estados de ánimo afectados.
  • Alteración en la capacidad de comprensión y de atención.
  • Pérdida de interés por actividades que antes disfrutaba.
  • Cansancio físico sin motivo aparente.
  • Nivel de actividad alterado: apatía o hiperactividad.
  • Alteración del sueño.
  • Pérdida de apetito y disminución del peso o, por el contrario, aumento del apetito y ganancia de peso.
  • Cefaleas, vómitos, dolores abdominales.
  • Tendencia constante a descalificarse.
  • Desmotivación, autocrítica y desvalorización.
  • Aislamiento social.
  • Problemas para relacionarse.
  • Presenta pensamientos o expresiones suicidas o actuaciones autodestructivas.
  • Se comporta de una manera agresiva, sufre ataques de rabia u hostilidad persistente, se irrita o sensibiliza frente a pequeñas frustraciones.
  • Presenta alta sensibilidad al fracaso y al rechazo.
  • Se queja frecuentemente de enfermedades físicas o de dolores.
  • Elige “finales tristes” para sus cuentos y representaciones.
  • Sufre una regresión, hablando como un bebé o haciendo pis en la cama.

Qué hacer

Si su hijo presenta tres o más de esos síntomas lo más recomendable es consultar sin pérdida de tiempo con un psicopedagogo que pueda orientar el tratamiento.

Causas

La aparición de la depresión puede obedecer tanto a factores individuales como sociales: colegios cada vez más competitivos y exigentes, familias menos extensas con ambos padres trabajando fuera, mayor individualismo que se traduce en falta de grupos o redes de apoyo son algunos de los factores que agravan los síntomas o favorecen su aparición.

Pero es importante saber que, tanto en adultos como en niños, la depresión generalmente está asociada a pérdidas o abandonos. La muerte o alejamiento de una persona significativa, así como la separación de los padres, pueden detonar este trastorno. Los cambios de ciudad, colegio o casa también representan pérdidas. E incluso el nacimiento de un hermanito puede provocar un cuadro depresivo que es necesario tratar para evitar que las consecuencias sean demasiado severas.

Tratamiento

El tratamiento de la depresión infantil puede incluir psicofármacos, terapia individual y familiar. Siempre será el profesional a cargo quien determine la frecuencia y regularidad de las sesiones de terapia, y es muy importante que los padres le dediquen ese tiempo a su hijo. Al fin y al cabo, se trata de que el pequeño pueda superar sus problemas, y para eso necesita de la ayuda y el apoyo de su familia.

Si bien muchas veces se presenta una cierta resistencia a la medicación, lo cierto es que cuando el niño está muy deprimido los remedios son fundamentales porque levantan el ánimo y reducen el nivel de angustia. Así los niños comienzan a tener una perspectiva más positiva de sí mismos y de su entorno.
En cuanto al trabajo terapéutico, a través de las primeras entrevistas con los padres el profesional contará con un conjunto de datos de gran importancia como por ejemplo:

  • Si hay antecedentes familiares de enfermedad psiquiátrica.
  • S el entorno familiar está desorganizado o atravesó problemas recientes.
  • Si hay antecedentes de depresiones de los padres.
  • Si se presentan situaciones escolares y sociales adversas.
  • Si existen patologías orgánicas o psicológicas en el niño.
  • Si el niño ha estado deprimido antes, si se realizó alguna consulta y si se llevó a cabo algún tratamiento.
  • Si el niño ha sufrido un trauma emocional grave reciente.

Todos estos datos servirán para determinar posteriormente cuál es el tratamiento más adecuado y cómo hay que trabajar para combatir exitosamente la depresión.

Consejos para padres

  • No ignore los síntomas de depresión: si ve extraño a su hijo, préstele más atención de la que normalmente le da. Juegue con él, así le será más fácil hablar sobre sus problemas. Lea libros infantiles, dibuje, pinte con él. Dedíquele un momento único. Así creará un ambiente más cercano y de confianza y lo hará sentir especial.
  • Haga preguntas y preste atención a las “pistas”: un niño en edad de escolarización primaria puede llegar a decir “soy tonto”. No se trata simplemente de apoyarlo diciéndole que no lo es: pregúntele por qué piensa que es así, si pasó algo en la escuela, si alguien le dijo que era tonto. El niño tal vez conteste diciendo que todo es una porquería. Pregúntele qué es lo que le parece malo. Lo importante es indagar sobre lo que piensa el niño. El niño necesita de atención, del interés por su parte, y usted necesita saber qué le pasa.
  • Establezca y mantenga las rutinas: el niño necesita sentirse protegido y limitado. Recuerde que el adulto es usted, no lo cargue con sus problemas ni pretenda que él lo ayude a resolver nada.
  • Esté atento a las actividades del niño: tal vez su hijo no esté deprimido, sino simplemente estresado. Quizás sea necesario reevaluar el calendario diario de actividades del niño y eliminar algunas cosas. Además de ir al colegio, a gimnasia, a danza, aprender a tocar el piano y a hablar cinco idiomas, los niños necesitan tiempo para jugar y para descansar. No lo sobrecargue.
  • Busque tratamiento médico: si su hijo empieza a aislarse, a comportarse mal o a hacer comentarios negativos sobre él mismo.
  • Hable con el pediatra: coméntele cómo lo ve al niño. Tal vez no sea algo psicológico sino algún malestar físico que es necesario indagar.