Independencia de la casa de los padres

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adolescente

La tendencia de los últimos años arroja datos curiosos: los hijos adolescentes tardan cada vez más en dejar el casa paterna. A continuación, veremos cuáles son las causas y las consecuencias más visibles de este fenómeno. 

La estadía de los jóvenes en la casa de sus padres se posterga y los parámetros que tradicionalmente demarcaban el inicio a la vida adulta se ven diluidos por los problemas económicos y la parálisis frente a la inestabilidad.

Ya la Organización Mundial de La Salud se hizo eco de la tendencia y atrasó el comienzo “oficial” de la adultez de los 21 a los 25 años. El cine también se apuró a adoptar la problemática contemporánea: “Grupo de Familia”, de Etienne Chateliez, es una ácida comedia francesa que retrata la decisión de los padres de un joven universitario de 28 años: intentar por todos los medios que su hijo decida finalmente abandonarlos.

En esta nota, la psicóloga Laura Mariani, miembro fundador del Grupo de Trabajo en Psicoanálisis de las Configuraciones Vinculares de La Plata, nos explica este fenómeno complejo.

-¿Cuáles son las características que engloba actualmente el termino “adolescente”?

-Si tenemos en cuenta lo que sucedía en general hasta los años 60, podemos decir que el período de la adolescencia se ha prolongado. La psicología, como las demás ciencias humanas, no tiene respuestas cerradas, se encuentra permanentemente abierta a la observación e investigación. Sus conceptos y teorías son esencialmente dinámicos. Es por esta razón que es correcto preguntarse a quién designamos actualmente con el término “adolescente”.

Pensemos en forma conjunta y probablemente acordemos que adolescentes son aquellos individuos que transitan un período de vida que se extiende entre la niñez y la adultez. Es un período que se caracteriza por contener profundos cambios morfológicos, biológicos y psicológicos: se pasa del pensamiento concreto de la infancia al pensamiento abstracto, construyendo sistemas y teorías. En el plano emocional, comienza a emerger su yo en un proceso de individuación que lo lleva a encontrar un lugar propio.

Pero su duración no depende estrictamente de la edad, sino de los elementos que dispone cada persona y de su interrelación con el entorno familiar y social.

 

-¿Y esto del “estiramiento” de la adolescencia se trata de un fenómeno nuevo?

-Es un fenómeno nuevo pero esperado y acorde a las condiciones actuales de vida y a las exigencias sociales de este momento.

-¿Qué factores intervienen en la decisión de permanecer en la casa de los padres? ¿Es solamente una cuestión económica? ¿Puede una persona de 25 a 30 años o más desarrollarse plenamente sin “abandonar el nido”?

-En esta cuestión interviene fundamentalmente el temor de los padres y de los hijos ante un cambio. Enfrentar nuevas formas de vida asusta por lo desconocido y por la inseguridad de poder llevarlo adelante.

En este marco, los jóvenes y los padres deberán enfrentar nuevas responsabilidades. Los primeros, hacerse cargo de generar proyectos y ejecutarlos. Los segundos registrar el paso del tiempo y generar también propuestas vitales de otra índole, aceptando limitaciones en todas las áreas y para las cuales no se prepararon.

Es una cuestión económica si se lo enfoca desde el lado de las exigencias sociales. No es fácil cambiar de costumbres y dejar las comodidades que a sus padres les llevó toda una vida conseguir y que aparentemente les permiten compartir. Pero no está ni bien ni mal.

Lo podemos llamar el “síndrome de Peter Pan”. Debemos considerar que una persona de 25 o 30 años, si cuenta con una familia bien articulada y donde cada uno se autoabastece física e intelectualmente, probablemente emprenda su camino cuando lo considere necesario y sin hipotecar su existencia viviendo en la casa “de” sus padres.

Pero también hay que tener en cuenta que existen circunstancias específicas donde vivir en situación de interdependencia es una necesidad.

-¿Cómo se da esa relación entre los padres y los hijos de 30 años que viven con ellos?

-En general es una relación marcada por una extrema concesión por parte de los padres ante una exagerada demanda por parte de los hijos. Y los más perjudicados suelen ser los que pertenecen a clases sociales que no tienen mayores problemas económicos.

Aquellos que deben aportar a su casa y que saben que su nivel de vida no cambiaría significativamente con su independencia suelen tener mayor sentido de realidad y estar mejor preparados para enfrentar estos cambios.

 

-¿Cómo deberían actuar los padres frente a este hecho?

-En general los padres emiten dobles mensajes. Por un lado dicen querer la independencia de los hijos pero influyen en sus decisiones transmitiéndoles modelos de “exitismo” que provienen de la sociedad de consumo.

Por otra parte se hacen eco de los fantasmas del fracaso y de la imposibilidad de defenderse frente a un “sistema todopoderoso”. Incitan a obtener mayores logros que ellos mismos no alcanzaron o, dicho con otras palabras, a obtener la sumatoria de aspectos difícilmente conciliables: buen trabajo, pareja feliz, comodidades, reconocimiento y demás ofertas publicitarias.

En esta etapa los padres deben, una vez más, educar a sus hijos para generar en ellos las defensas necesarias que le permitan solventar posibles adversidades y disfrutar de las satisfacciones que proporcionan la realización de proyectos propios, ya sea conformando una nueva pareja, familia o un proyecto laboral, artístico o intelectual.