El fantasma de las relaciones de pareja: los celos y cómo superarlos

Comparte esta nota!
  •  
  •  
  •  
  •  
  •  
  •  
Celos

El fantasma de los celos

Los celos son naturales, pero pueden afectar el normal desarrollo de la vida de pareja, provocar discusiones o destruir la relación. En esta nota te ayudamos a reconocer y superar los celos.

“Hoy ha regresado a casa más tarde que otras veces”, “Tiene un perfume extraño en su ropa”, “¿Por qué se ha maquillado tanto?”.
El aguijón de los celos puede herirnos a todos en cualquier momento de nuestra vida. Esta emoción, según los psicólogos, tiene su raíz en la necesidad de seguridad y afecto que todos tenemos de chicos y en el miedo que nos invade ante el peligro de perder a alguien o algo que nos da felicidad.
Todos tenemos algo de celosos aunque lo neguemos. Los celos son tan naturales en nuestra cultura que se asocia su ausencia a la falta de amor: “Si no estás celoso, no estás enamorado”. Pero si los celos permanecen, la relación puede deteriorarse porque surgen reproches y la exigencia continua de demostraciones de amor incondicional.

¿Por qué dudamos del otro?

Esto puede darse cuando una de las dos personas da muestras de distanciamiento. El otro suele sentirse desatendido y puede llegar a pensar que existe riesgo de perder su amor a causa de una tercera persona y, aunque el temor sea infundado, pueden aparecer los celos.
También las personas muy inseguras pueden sentir a veces, aunque sea de forma inconsciente, que no merecen el amor de su pareja y eso las lleva a desconfiar de la sinceridad y cariño del otro. En otros casos, es el ambiente familiar en que la persona vivió de chico el que puede ser factor de una personalidad celosa. Si alguien presenció durante su infancia peleas por este tema entre sus padres, es probable que tenga tendencia a dudar de su pareja. Claro que también cuentan las experiencias vividas: si una persona ha sido traicionada en una relación anterior puede experimentar mucha dificultad para confiar en un nuevo amor.
Ahora bien, sea cual fuere el modo por el que se llegó a este síntoma, es justo ahí cuando comienza una desafortunada carrera por querer esclarecer las propias dudas, dónde los límites se borran de la paleta de opciones y se llega a hacer cualquier cosa con tal de demostrar la infidelidad del otro. Oler su ropa, registrar sus bolsillos, espiar los mensajes de su celular, sorprenderlo en su trabajo, son sólo algunos ejemplos.

Cómo superar los celos

Lo ideal es hablarlo con la pareja, con total sinceridad y en una charla amena. Bajo ningún punto de vista tiene que sonar a reproche ni es aconsejable decirlo en medio de una discusión y a los gritos.
Otra posibilidad es hablar con amigos o alguien de confianza para obtener así un punto de vista más objetivo sobre los hechos que han provocado los celos. Evitar los pensamientos obsesivos de inseguridad y reforzar la confianza en uno mismo, no olvidar que la pareja necesita tener espacio y no sentirse controlado, no culpar a nadie de lo que ocurre y no hacer un drama son actitudes positivas que también ayudan a controlar los celos.
Con respecto a la pareja del celoso, es aconsejable mantenerse tranquilo y preguntarle qué le ha molestado y qué puede hacer para mejorar su comportamiento. De esa forma el otro se sentirá más relajado. Si en cambio se pone en contra de su actitud y le reprocha sus celos, sufrirá más y la relación empeorará.
Cuando la situación está desbordada y sin control, lo mejor será consultar con un terapeuta que trabaje en el aprendizaje de conductas y pensamientos más positivos.

¿Normales o patológicos?

Hay distintas clases de celos, pero ninguno deja de ser un problema para la pareja. Corregir esta situación cuanto antes puede prevenir no sólo malestares sino también la pérdida de la relación.

Celos normales

Son aquellos que se experimentan cuando se corre el riesgo de perder un amor por la aparición de una tercera persona.

Síntomas

– Pérdida de autoestima, inseguridad, odio hacia el rival y hacia la propia pareja.
– Depresión y angustia al sentirse menos valorado que antes.
– Necesidad de demostraciones de afecto incondicionales.

Efectos (en la pareja del celoso)

– Sentimiento de agobio y falta de libertad.
– Impotencia para manejar la situación y recuperar la confianza perdida de su pareja.
– Desgaste del amor.

Celos patológicos

Son los que se producen cuando no hay motivos fundados para eso. Generalmente provienen de un excesivo afán de posesión del otro o también de una necesidad paranoica de ser único y exclusivo para su pareja.

Síntomas

– Desconfianza creciente de la sinceridad del otro.
– Fantasías negativas sobre la actitud de la pareja.
– Inseguridad exagerada sobre su propio valor.
– Descontrol emocional que puede manifestarse en una depresión silenciosa o en explosiones de agresividad y cólera continúas.
– Intentos de esclavizar al otro.
– Terror a ser abandonado.

Efectos (en la pareja del celoso)

– La víctima de un celoso patológico se ve imposibilitada para vivir su propia existencia. Se siente oprimida y amargada por las restricciones constantes a su libertad que la compulsión del otro le impone.
– Tiene pánico a desatar con su actitud los celos del otro.
– Puede llegar incluso a sentir una gran furia por la desconfianza a que se ve sometida continuamente.

 

Cuestión de género

Hombres y mujeres piensan, actúan y sienten de forma muy similar cuando están celosos. Según los especialistas, más que el sexo, lo que diferencia a los celosos es su personalidad. Quienes tienen un carácter introvertido sufren los celos en silencio y tienden a la depresión y la angustia, mientras que las personas extrovertidas tienen una reacción celosa explosiva con escenas y reproches continuos.
En los actos que los delatan, en cambio, sí puede haber diferencias entre hombres y mujeres.
Ellos suelen enojarse o ponerse de malhumor cuando su pareja presta atención a otras personas o decide hacer alguna actividad por su cuenta. Algunos son muy intolerantes con la impuntualidad, y cuando su mujer se atrasa le hacen un sinfín de preguntas sobre los motivos de la tardanza. Y, como piensan que los engañan, les ponen trampas para comprobar si les están diciendo la verdad.
Las mujeres, por su parte, no tienen reparo en registrar bolsillos, carteras y cajones; y preguntan continuamente acerca de la gente con la que él trabaja, para detectar posibles rivales. Y si lo sorprenden mirando a otra mujer o siendo amable, incluso, con una de sus amigas, pueden llegar a enloquecer.