Cómo seguir luego de una separación

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Cómo seguir luego de una separación

Acerca de la separación y de apuntar a un nuevo proyecto de pareja. ¿Cómo identificar los puntos conflictivos y mejorarlos?

Las cosas no marchan bien entre Sara y Alberto. Este es el segundo matrimonio para los dos. Sara sólo tiene veinticuatro años, pero se casó por primera vez a los diecinueve; la unión sólo duró un año. Alberto tiene diez años más que Sara y su primer matrimonio duró varios años. Casi todas las disputas guardan relación o con la primera mujer de Alberto o con el hijo de seis años, habido en aquel matrimonio. La nueva pareja trabajan juntos y tienen un buen pasar, sin embargo a Sara le duelen profundamente los 600 pesos que Alberto le pasa mensualmente a su ex mujer para el mantenimiento del niño, juntamente con cantidades adicionales para “lujos” como colonia de vacaciones y clases de música. Si las conversaciones con la ex mujer exceden los diez minutos, Sara empieza a enfurecerse. Uno de los problemas es que Sara está continuamente imaginando lo buena que podría haber sido la vida si Alberto no se hubiera casado antes, además de irritarle las visitas del pequeño Sebastián.

A primera vista, podríamos suponer que las segundas nupcias tienen más oportunidades de éxito que las primeras. Sin embargo, las estadísticas muestran lo contrario: aproximadamente un 30% de divorcios la primera vez, 37% la segunda. ¿A qué se debe? Según Sylvie Cadolle, socióloga y autora de un estudio sobre familias extendidas o recompuestas, “estos segundos matrimonios se ven confrontados a problemas inéditos: ex parejas, hijos, dinero para cuotas alimentarias… Pero sobre todo se trata de personas que han puesto un punto final a una unión poco satisfactoria y que estarían dispuestas a hacerlo de nuevo”.

Las personas que nuevamente se animan a casarse lo hacen con la esperanza de que esta vez será la buena. Una manera de reparar y probar que ellas también pueden acceder a la felicidad conyugal. El nudo del asunto lo resumió William Doherty, terapeuta de pareja de la Universidad de Minessota: “Se entra en el segundo casamiento con el mismo entusiasmo idiota del primero. Pero esta vez, además, se lleva la carga del fracaso anterior”.

Casa, amigos, familia, muebles, recuerdos… Cualquier cosa puede traer a la memoria que hubo un “antes”. Mariana, 50 años, lo reconoce: “Esteban no acepta que tuve una vida anterior a mi encuentro  con él. Para mí, es difícil ponerle una cruz a la gente de mi pasado. Si hubiera tenido hijos con mi anterior pareja, los celos de mi actual marido hubieran sido fatales”.

Otro tema posible de desencuentros es la vida sexual. En el lecho conyugal, a menudo, duermen los  miembros de la nueva pareja, más los dos ex. Francisco, padre de tres adolescentes, vuelto a casar después de haber enviudado, confirma: “No se olvida fácilmente a alguien con quien se ha convivido durante quince años. Cristina, mi nueva compañera, lo sabe. Siempre habla sobre cómo sería mi vida con mi primera mujer”. Como sea, siempre se debe evitar hacer comparaciones con el pasado. En un segundo matrimonio, las críticas, a menudo, se pueden presentar comentarios como: “Una cosa tengo que reconocerle a Pedro: él jamás se sentía cansado para hacer el amor…” Las comparaciones con el pasado son generalmente odiosas y pueden resultar muy destructivas. Es mucho mejor ser abiertos y directos en el presente, en lugar de resucitar fantasmas y utilizarlos como una válvula de escape a la hostilidad.

En este punto del análisis, podríamos preguntarnos si la elección de nuestra segunda pareja es la adecuada. Desgraciadamente, no siempre. El doctor Pierrick Robert, psiquiatra, divorciado varias veces, estima que “lo que empuja el encuentro de dos seres no es del orden de lo racional. Por lo cual, el aprendizaje es pobre. Somos piloteados desde la infancia por marcadores psíquicos que nos llevan a repetir los mismos comportamientos”. Pasando de una pareja austera a una divertida, de un intelectual a un deportivo, nos parece estar cambiando, cuando en realidad lo fundamental persiste: nuestra manera de ser y de reaccionar a las situaciones.

David, 56 años, se casó tres veces. Tres fracasos. ¿Qué había de común entre la periodista, mujer apasionada y testaruda, elegida a los 24 años; la huérfana y frágil segunda compañera, una persona a quien era imposible hacer sufrir; y su tercera esposa, muy joven, pulposa, idealista? Un amargo balance: “Creí haber progresado, pero ahora tengo la sensación de haber repetido todo el tiempo las mismas estupideces”. Sus experiencias como esposo terminaron de la misma manera. “Cuando la mujer pasa de la feminidad a la maternidad, el deseo se me muere”. Y así, David fue colmando de niños a cada uno de sus esposas, volviéndolas intocables, prohibidas. Tres historias muy diferentes, una única manera de finalizarlas. Y no plantearse las preguntas válidas a sí mismo.

En otras palabras, si no salimos de nuestros hábitos conductuales responsables del primer fracaso, lo peor es esperable. Así, abordar los nuevos conflictos conyugales –siempre inevitables- “como antes”, incluso con una pareja diferente, conduce a una misma crisis insoluble. A menudo, estima Jean-Georges Lemaire, profesor de Psicología clínica y autor de “Le couple, sa vie, sa mort” (La pareja, su vida, su muerte), el necesario trabajo de duelo no se ha efectuado: “Creemos que todo es culpa del otro, nos contentamos con cambiar el repuesto”. Por ello, preconiza un tiempo psíquico de reflexión sobre las propias responsabilidades y culpas, “para hacer un trabajo sobre nosotros mismos de autocrítica, reconocer los propios errores y faltas”.

Permanecer durante un tiempo “soltero” antes de volver a vivir en pareja puede ser una ocasión para realizarse personalmente y ser, en consecuencia, menos dependientes de una relación de a dos.

Pero, en definitiva, ningún criterio puede predecir el futuro del segundo casamiento. Ni la historia, ni la edad de los protagonistas, ni el número de hijos. El éxito depende, según Jean-Georges Lemaire del “sentido” adjudicado a la unión. Catalina, 52 años espléndidos, algo sabe de este asunto: con su primer marido, acumuló un error tras otro. La pareja se fue deteriorando durante diez años. Un tiempo que le permitió tomar conciencia de sus numerosas dificultades vinculares: “Nunca hay que humillar a alguien. A partir del día en que me enteré que mi marido tenía una amante, no hice más que hacerle tragar el asunto hasta el hartazgo. Ahora, dieciocho años después, me doy cuenta de que no era para tanto”. Su segundo marido es la antítesis del primero. “Tiene autoridad, presencia, es claro en todo lo que emprende. Me da seguridad”. Sin embargo, Catalina confiesa que podría llegar a cometer los mismos errores anteriores, pero su objetivo actual es que la segunda unión dure.

Si se desea que el nuevo matrimonio se asiente sobre una base sólida y real, se impone no evitar los temas conflictivos, como ser el manejo del dinero, la vida sexual, las relaciones con los hijos propios y ajenos. Los problemas, especialmente los importantes o más sensibles necesitan ser discutidos. Sobre todo, es importante tratar este matrimonio tal como es y no moldearlo sobre los patrones del anterior o hacer que aquél sirva de guía para lo que no se debe hacer.

Nunca se empieza un nuevo matrimonio con una pizarra verdaderamente limpia. Se pueden despejar algunos espacios para la nueva relación, pero los rincones de nuestras vidas permanecen ocupados por las huellas indelebles de la experiencia pasada, los hijos, y los ex cónyuges ligados a nosotros a través de ellos.

por Joselyne Vanclef