Raw Food, el movimiento de la comida sin cocción

Comparte esta nota!
  •  
  •  
  •  
  •  
  •  
  •  

 

Raw Food

Los seguidores de éste movimiento afirman que al comer los alimentos sin cocción el cuerpo aprovecha mejor los nutrientes, conozcamos un poco más al Raw Food, una forma distinta de comer.

Basta con pasar delante de la verdulería del barrio para que la explosión de color y aromas de las frutas y verduras de estación nos inunden. Esa sensación placentera, que se transmite a través de los sentidos, puede ser un indicador del efecto que estos alimentos pueden tener en nuestro organismo. Si a la variedad de alimentos se suma otro parámetro importante -la calidad-, es posible aprovecharlos en todo su esplendor, sin cocción y a cualquier hora. Esos son los principios que pregona la Raw Food o alimentación en base a alimentos crudos.

“El alimento crudo es el alimento en estado natural. Se trata de aquel que se puede masticar, digerir, absorber y asimilar perfectamente, tal cual como lo prepara la naturaleza. Es por eso que nutre, armoniza y equilibra”, explica Ana Lía Aguado, nutricionista especialista en naturismo. La pista que arroja habla de entender, con sentido común, que los alimentos que prepara la naturaleza, en realidad no vienen crudos. El sol los cocina hasta su punto justo. Estos alimentos, que están “preparados por la naturaleza”, son de una categoría superior. “Al cocinarlos los privamos de sus nutrientes esenciales: vitaminas, enzimas, aromas y de su energía vital”, explica Aguado. ¿Qué es lo que puede comerse crudo? “Además de las frutas frescas, secas y desecadas, casi todo tipo de vegetales, semillas, germinados y algas”, responde la nutricionista.

Mucho, poquito, nada

Es obvio que quien lleva una alimentación común y corriente, no tolerará pasar de un día para el otro a un régimen tan puntilloso y perfeccionista. Pero las posturas extremas no son las únicas posibles. Ana Lía Aguado recomienda ir incorporando hábitos crudos a la alimentación habitual, hasta ir encontrando el propio ritmo y, por supuesto, los nuevos sabores.
También existe un movimiento filosófico-gastronómico, que sostiene que la comida cruda debe ser orgánica, vegetariana, nunca expuesta a ningún tipo de cocción y tiene tintes gourmet o premium. Claro que de allí a la alimentación omnívora hay varias medias tintas. Algunos incluyen huevos y queso. Otros, pescado y, otros, algún que otro alimento cocido y carnívoro cada tanto. No existen reglas fijas, pero sí conviene asesorarse para no desarreglar las proporciones nutricionales de lo que se consume cada día.

Esta tendencia deriva del crudivorismo que nació en los ’60, cuando Ann Wigmore, una doctora estadounidense estudió y sostuvo las posibilidades de curación de enfermedades en base a semillas y vegetales. Las evidencias que acusan quienes adoptan este régimen son mayor vitalidad, mejor ánimo, más atención y cambios notables en la piel. Claro, todo esto dicho por quienes, además, sienten un fanatismo por lo que sostienen.

“La Raw Food está asomando como tendencia pero todavía no se ha adoptado de manera definitiva”, concede María Calzada, bio chef a cargo de El Almacén Orgánico y sigue: “Suena raro y original, por eso hay mucha gente que en principio se acerca a ver de qué se trata”. Luego, algunos adoptan estos principios y otro grupo vuelve a sus hábitos anteriores. Es que para hacer un plato elaborado, el proceso es trabajoso: no sólo se trata de ingerir alimentos sin cocción, en jugos o ensaladas. También hay que someterlos a una deshidratación natural para elaborar otros platos. “Para hacer galletitas, por ejemplo, yo hago una masa y luego la estiro sobre una lámina para deshidratarla. Después de un rato, obtengo una galletita. A nivel tiempo, para la mujer de hoy es complicado, pero se pueden buscar otras manera para combinar la ‘raw’ con la dieta de todos los días”, asegura Calzada.

¿Cómo? “Por la mañana, podés meter en una licuadora zanahoria, apio, jengibre y naranjas, y tomarte un buen jugo natural. Hay miles de combinaciones posibles”, sugiere la bio chef. Para el mediodía se recomienda rallar remolacha, apio, separar las florcitas del brócoli, picar rabanitos y agregar hojas de lechuga y rúcula. “Un ensalada cruda, exquisita y natural para disfrutar en el trabajo”, cierra la bio chef.

Otra de las ventajas de la raw food tiene que ver con que no hay que comer grandes porciones para recibir un shock vitamínico. Como los alimentos no pasan por la cocción, ingerimos directamente todos los minerales y las vitaminas que contienen naturalmente.

Beneficios de los alimentos crudos

– Tienen energía radiante, que se suma a la nuestra sin necesidad de digestión. Ésta es la que se pierde al cocinar el alimento.
– Los alimentos crudos son más fáciles de digerir que los alimentos cocidos.

– Después de ingerirlos, no aparece la sensación de sueño, como ocurre con los cocidos.
– Protegen nuestras mucosas.
– Aumentan las bacterias depuradoras del intestino.
– Contienen mayor cantidad y calidad de nutrientes, que durante la cocción se perderían: vitaminas, enzimas, aromas, minerales, esencias, energía radiante.

Tips para ir probando

– Comé frutas todos los días: cuanta más fruta, ¡mejor! Pero no hay que comerlas de postre. Es mejor en el desayuno y en la merienda, o lejos de las comidas. Si no, una alternativa es realizar una comida principal sólo de frutas.
– Elegí ensaladas crudas en las comidas principales.
– Ingerí mayor cantidad de alimentos crudos (o al menos igual), que los cocinados.
– Comé primero lo crudo y luego lo cocinado (o al menos, juntos).

DIETA

La dieta cruda

Para desintoxicarte y volver a las fuentes. Para tomar de la naturaleza alimentos cocidos por la tibia luz del sol. Para sumar a tu día a día, comidas sin cocción, colmadas de vitaminas y minerales, te proponemos esta dieta cruda: un menú variado, rico y lleno de color.

Lunes

Desayuno: infusión cortada con leche, 1 manzana.

Media mañana: 50 gramos de queso, 1 jugo de naranja.

Almuerzo: ensalada de lechuga, tomate, cebolla, hinojo y apio, aderezada con aceite de oliva, jugo de limón, sal y pimienta.

Media tarde: 1 pera y 50 gramos de jamón.

Cena: ensalada de brotes de soja y alfalfa, zanahoria rallada, radicheta y cebolla, aderezada con aceite de oliva, jugo de limón, sal y pimienta, 1 fruta a elección de postre.

Martes

Desayuno: licuado de banana con leche.

Media mañana: 100 gramos de jamón cocido.

Almuerzo: ensalada de lechuga, tomate, pepino, espárrago y zanahoria con atún al natural, pan integral, 1 fruta de postre.

Media tarde: 1 yogurt con frutas.

Cena: 1 plato de espinaca, con queso y huevo.

 Miércoles

Desayuno: leche con cereales.

Media mañana: 1 yogurt con 1 bol de frutas.

Almuerzo: 1 sándwich de pan integral con lechuga, tomate, atún, zanahoria, aceitunas, 1 fruta a elección de postre.

Media tarde: 4 nueces.

Cena: ensalada cruda con huevo y aceite de oliva. Ensalada de frutas de postre.

Jueves

Desayuno: licuado de frutas con 50 gramos de queso.

Media mañana: 100 gramos de queso.

Almuerzo: ensalada de jamón, queso y verduras, 1 fruta de postre.

Media tarde: 1 yogurt con frutas.

Cena: 1 plato de espinaca, con queso y huevo.

Viernes

Desayuno: 1 infusión cortada con leche, 1 fruta.

Media mañana: 1 manzana.

Almuerzo: ensalada de verdeo con lechuga, apio, pepino y huevo.

Media tarde: 4 nueces.

Cena: ensalada de vegetales con huevo y aceite de oliva, 1 fruta de postre.

Sábado

Desayuno: 1 yogurt con cereales.

Media mañana: 50 gramos de jamón serrano.

Almuerzo: 1 sándwich de pan integral con verduras y ensalada de frutas de postre.

Media tarde: 1 manzana.

Cena: 50 gramos de jamón, champignones rehogados con aceite y ajo.

Domingo

Desayuno: infusión cortada con leche y 1 fruta.

Media mañana: 1 ensalada de frutas.

Almuerzo: ensalada de verduras verdes, tomate, atún al natural y huevo duro, con pan integral.

Media tarde: ensalada de frutas.

Cena: 1 tomate relleno con atún y verdura, 1 ensalada de fruta de postre.

Por: Ana Lía Aguado, Nutricionista Naturista.