Adelgazar sin hacer dieta

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adelgazar

El libro “Las mujeres francesas no engordan” de Mireille Guiliano, se convirtió en un best seller mundial que habla acerca del placer de alimentarse. A continuación, veremos algunas de las claves que presenta el texto.

Desde que Mireille Guiliano publicó en Europa la primera edición de su libro “Las mujeres francesas no engordan” hasta hoy apenas pasó un año, pero ese tiempo alcanzó para que se convirtiera en un best seller mundial y fuera traducido a decenas de idiomas. Y lo mejor de todo es que, ya desde la contratapa, se advierte que no se trata de otro libro sobre dietas sino de un verdadero tratado sobre el placer de comer, sobre aprender a disfrutar de los alimentos y, lo más importante, sobre cómo poder comer de todo sin engordar.

¿Cuál es el secreto? Comer con lentitud, saboreando, disfrutando, paladeando… y sin ningún sentimiento de culpa. Nada más y nada menos que eso que los franceses describen como “la joie de vivre”, la alegría de vivir: el placer de disfrutar de todo lo que está a nuestro alcance sin prejuicios, pero con un criterio selectivo.

Pensar en positivo

Según Guiliano, la mayoría de las mujeres en Francia come de 5 a 6 veces al día, pero además gran parte de lo que consumen es hecho en casa con aprecio y esmero: la autora asegura que las francesas se fijan más en el sabor y la variedad que en la cantidad de lo que comen, y ponen el énfasis en la utilización de todos los sentidos para disfrutar del maravilloso acto de alimentarse. Además, las mujeres de ese país parecen poner el acento en lo positivo de los alimentos y no en su aspecto negativo: mientras nosotros generalmente nos preocupamos por lo que no deberíamos comer, ellas ponen el foco en lo que sí quieren, pueden y les hace bien ingerir.

Como si fuera poco, la autora asegura que el hecho de vivir obsesionados con las dietas promueve un estilo de vida irreal y casi inalcanzable, tanto por los complicados planes de alimentación que implica como por los enormes sacrificios requeridos, y pone como ejemplo la (mala) costumbre generalizada de intentar cubrir los errores cometidos con la alimentación con la práctica desenfrenada de actividad física. Como señala, con asociarnos a un gimnasio o tener una máquina de ejercicios en casa no podemos compensar el hecho de llevar una alimentación desbalanceada.

Cómo empezar

Claro que no siempre resulta tan fácil modificar de un día para el otro hábitos y costumbres que tenemos profundamente arraigados en nuestra manera de ser, de pensar, de actuar… y de comer. Por eso, lo que hay que hacer es trazar un plan de acción que nos ayude a detectar qué errores cometemos y cuál es la mejor manera de solucionarlos. Para lograrlo, lo primero que aconseja Guiliano es, sin dudarlo, tirar a la basura todos los libros o planes de dietas que uno tenga. El segundo paso es completar un diario en el que, a lo largo de tres semanas, consignemos todo lo que comemos y la actividad física que realizamos (¡sin hacer trampa!). A continuación, la autora recomienda hacer una lista de las comidas preferidas y otra de las que se puede prescindir, y elegir las preferidas y las más saludables para no renunciar a ellas.

Por último, hay que comenzar con un plan bajo en calorías que contemple esas preferencias que consignamos en nuestro diario: no es necesario resignar comidas, sino simplemente achicar las porciones, incorporar alimentos saludables como frutas, verduras y cereales si no los consumimos habitualmente, tomar mucha agua y, claro, hacer ejercicio de manera regular. Pero, fundamentalmente, cocinar las comidas que vamos a consumir y tomarse el tiempo de saborear, oler y admirar los alimentos: no comer de cartones, bolsas o latas, sino preparar un plato con dedicación y esmero, para regalarnos un momento especial, incluso aunque la comida sea comprada, y servir la mesa como es debido: nunca comer de pie ni apresuradamente.

El mejor consejo del libro, en definitiva, es disfrutar de las comidas en pequeñas cantidades, mantenerse activa… y, sobre todas las cosas, no hacer dietas.

Cómo surgió la idea

Mireille Guiliano cuenta en su libro que en la adolescencia engordó abruptamente 10 kilos cuando, como estudiante de intercambio en Estados Unidos, dejó de comer como las francesas… para hacerlo como los estadounidenses. Esta experiencia, que califica de “catastrófica”, la llevó a ponerse en manos de un médico que la orientó a redescubrir “la herencia de su sabiduría gastronómica francesa” y a recuperar su imagen.

Todo eso que vivió en carne propia es lo que la autora vuelca en este libro -editado en nuestro país por Vergara- para que mujeres del mundo entero puedan descubrir los secretos del buen comer… sean de la nacionalidad que sean.

 

Las claves

Estas son algunos de los principales secretos para adelgazar sin hacer dietas que destaca Guiliano en su libro:

 

  • Aprende a comer la mayor variedad de alimentos, como vía para no extrañar demasiado aquellos que contribuyen a que aumentes de peso.
  • Prescinde o controla a “los sospechosos habituales”; es decir, esos platos que deberían ser sólo caprichos pero que generalmente se consumen en exceso.
  • Controla las porciones. La comida francesa siempre ha sido motivo de burla por las cantidades pequeñas que se sirven en cada plato: esa característica es su principal virtud y uno de los secretos. Una pequeña porción de cada alimento favorece la condición de comer por placer y no para llenarse.
  • No saltees las comidas.
  • Aumenta la proporción de frutas y verduras en tu dieta diaria.
  • Asume la preparación de los alimentos como un ritual. Disfruta del momento de cocinar, convierte la tarea de elaborar el almuerzo o la cena en un momento de placer. Siempre será mejor que tú misma prepares tus comidas: así sabrás cómo y con qué ingredientes están hechas.
  • Evita tener alimentos “delictivos” en casa: los chocolates y las galletitas a disposición y en abundancia no ayudan a mantener la silueta. Una cosa es disfrutar de un pedacito de chocolate de vez en cuando, otra muy diferente es comer una barra entera cada noche.
  • Incrementa tu actividad física. Si no tienes chance de ir a un gimnasio, procura realizar algunos de tus desplazamientos diarios a pie.
  • Bebe toda la cantidad de agua que sea posible.
  • Nunca comas viendo la televisión.
  • Cultiva la paciencia: recuerda que no se trata de adelgazar en tiempo récord sino de aprender a comer.

Eso que tú haces

Estas son algunas de las cosas que, según Guiliano, las francesas hacen y que no sólo no les impiden estar en forma sino que además las ayudan a lograrlo:

  • Adoran el pan y no conciben la vida sin hidratos de carbono.
  • Hacen tres comidas diarias como mínimo.
  • Evitan sentirse hambrientas.
  • Evitan sentirse llenas.
  • Adoran el chocolate.
  • Tienen la costumbre de pensar cosas exquisitas para comer.
  • No suelen pesarse, sino controlar su silueta con la vista y la ropa.

 

Los 4 pasos hacia el cambio

  1. Estudio preliminar. Consiste en detenerse a observar lo que se está comiendo. Es decir, saber qué conforma habitualmente el desayuno, el almuerzo y la cena, tomar conciencia de la cantidad de postres que se consumen, saber cuánta actividad física hacemos realmente más allá de nuestras buenas intenciones, etc. Como señala la autora, muchas veces esa primera mirada produce una transformación que inspira para empezar a efectuar cambios en la forma como nos alimentamos. Para lograrlo, durante tres semanas deberás llevar un diario en el que apuntarás todo lo que comes. Al echarle un vistazo, descubrirás valiosa información que te ayudará a definir tus puntos débiles y tu relación con la comida. Porque, como ella misma admite: “Cada uno tiene su debilidad, en mi caso pueden ser los dulces y el chocolate; en el tuyo, el pan y la pasta, para otra persona pueden ser las hamburguesas y las papas fritas, o cualquier otra cosa”. Lo importante es reconocer cuál es ese “talón de Aquiles” propio para actuar en consecuencia.
  1. Reestructuración. Se trata de recuperar el equilibrio y aprender a establecer un nuevo patrón de conducta más flexible y adecuado al ritmo de vida de cada una y a sus posibilidades reales. Para lograr un cambio en los hábitos de alimentación, la autora propone empezar por achicar las porciones, ampliar la diversidad de los alimentos y practicar algo de ejercicio, aunque más no sea caminar al menos 20 minutos por día. Durante este período es ideal no consumir alimentos muy ricos en calorías.
  1. Estabilización. En esta etapa se trata de incorporar lo aprendido de manera gradual hasta lograr convertirlo en el nuevo hábito de alimentación.

 

  1. Mantenimiento. Es el momento del equilibrio total: ya conoces tu cuerpo, tus puntos fuertes y tus debilidades. De ahora en adelante sólo se trata de hacer pequeños ajustes si la balanza o la ropa empiezan a mostrar cambios desfavorables.

Una vez transitadas estas etapas, se habrá iniciado un camino en el que el placer de sentarse a comer lo que se desea sin culpa primará por sobre la obsesión acerca de cómo y en cuánto tiempo alcanzar el peso ideal.

Agua que has de beber

Guiliano dedica un capítulo entero a la importancia de beber suficiente agua: 8 vasos al día como mínimo, entre ellos uno al irse a dormir y otro al despertar (5 minutos antes del desayuno).

Cuando bebes un vaso de agua lleno activas el metabolismo y pierdes calorías”, asegura la autora.

Se hace camino al andar

Guiliano también recomienda la práctica de las caminatas para perder peso casi sin darse cuenta: “Camina 20 minutos. A partir de los 5 minutos el cuerpo se activa y empiezas a quemar calorías”. Y agrega: “es el mejor ejercicio del planeta: es gratis, lo puedes hacer cuando y donde quieras, y por el tiempo que quieras en ropa de calle. Y tiene otros muchos beneficios: admirar la naturaleza, planear el día, soñar, meditar. Caminar tiene grandes efectos positivos. Muchas personas dicen que son otras después que comenzaron a caminar diariamente; 20 minutos al día, cualquiera puede hacerlo. Es cuestión de prioridades: apaga la televisión y sal a caminar”.