“Todos los días debes hacer algo por tu espíritu”

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espritu

Juan Pablo Orrego, es un ecólogo chileno que ganó el Premio Nobel Alternativo 1998, es Magíster en Estudios del Medio Ambiente con mención en ecología y antropología, profesor, investigador y músico. Con él conversamos de la actual crisis de la espiritualidad en el planeta. Según este autor, la espiritualidad se esfumó de nuestro mundo materialista.

Las actuales estructuras sociales impiden un alto desarrollo espiritual. Es indudable que la materia existe en una dimensión, pero le hemos dado una importancia desproporcionada. De hecho, los físicos afirman que si te extrajeran todo el vacío de tu cuerpo, tu materia quedaría reducida a una mota de polvo microscópica. Somos mucho más vacío, energía, luz e información que materia. Pero nosotros nos hemos convencido de lo contrario.

La consecuencia de esto es que el mundo que hemos construido es cada vez más denso, pesado y materialista.

Todos los maestros, como Jesús, Buda, Gurdjieff dicen que el desarrollo del espíritu no es gratuito. Lo saben los indígenas navajos del suroeste de EE.UU., que todas las mañanas saludan al Sol con ofrendas de polen de maíz. El desarrollo espiritual es algo que uno tiene que cultivar, igual como se cultiva un campo.

En otras culturas esto lo tienen clarísimo. Todos los días debes hacer algo para que tu espíritu vaya aprendiendo que somos luz, energía, que estamos todos interconectados. Pero en nuestra incultura, llamada Occidental, eso simplemente se desvaneció.

Estamos en el dinero; en el automóvil; en la adquisición del microondas o en el mundo ficticio de la TV. Nos fuimos al polo opuesto de otras culturas. Quizás los lectores pensarán “¡ah, está hablando de los Taoístas, del Zen!”. No. Los pueblos indígenas andinos también tienen una cosmogonía complejísima, ceremonias y fiestas religiosas bellísimas y de profundo contenido.

El diálogo con otra dimensión

“Anima” significa alma. La persona acusada de ser animista es una persona que le ve alma a todo. Y en nuestra incultura eso es considerado un pecado. Porque el paradigma que nos han metido en la cabeza es que la biosfera, el planeta entero y todos sus seres son, inconscientes y “des-almados”… salvo, por supuesto, el ser humano, que es semi-divino.

El animista tiene mucho más Dios que nosotros. Porque para él la divinidad está en todas las cosas. En nuestro paradigma, Dios está solamente en algún rincón remoto del Cosmos. En cambio, el animista ve que el Espíritu está en todo, que es inmanente y trascendente a la vez.

En ese punto es interesante conectarse con la física cuántica que dice que hasta la última sub-partícula de un átomo de alguna manera comparte el espíritu divino y la vida, y que co-creamos la realidad en un misterioso ciclo recursivo que tiene que ver con nuestra percepción de la realidad que, a su vez, tiene que ver con nuestras construcciones culturales individuales y colectivas.

Los pueblos arraigados tienen esa claridad. El Budismo habla explícitamente de la vacuidad, que vivimos en el gran vacío y que hay que atreverse a asumir que somos vacío y que vivimos en el vacío… que estamos dormidos y que necesitamos despertar a esta verdadera naturaleza de la realidad. En ese sentido, el Budismo es cuántico. Somos nosotros los que hemos perdido la perspectiva.

Veo que hay millones de personas en búsqueda. Pero en el sistema urbano es muy difícil romper el espejismo, la ignorancia. Hay una especie de aura, de inconsciente colectivo que tira para que el sistema consumista siga retroalimentándose. Te absorbe. Pareciera que muy pocos logran realmente librarse de todo este gran lavado de cerebro, del sufrimiento, de la violencia. En este contexto es bastante difícil que puedas percibir las otras dimensiones de la realidad.

Y también veo que esto ha sido así desde siempre. Hay un grabado antiguo, la “Visión de Ezequiel” donde un personaje está a horcajadas y con la cabeza pasando a través de un umbral virtual. A un lado están la casa, los campos, los árboles, el mundo material, lo pedestre y su belleza, y al otro lado, existe un universo de estrellas y fenómenos astrales, energías y portentos. Me parece que simboliza la oportunidad de trascender y ver que hay dimensiones mucho más ricas, potentes y amplias que la “humana demasiado humana” como decía Nietzche.

De hecho, Buda habla insistentemente de “maya”, la ilusión, del estar dormido o encontrar la iluminación. Parece que la disyuntiva enajenación vs. iluminación ha sido un dilema de los seres humanos desde nuestros orígenes.