No estamos solos: ángeles del amor

Comparte esta nota!
  •  
  •  
  •  
  •  
  •  
  •  

angel-amor

Mucho más cerca nuestro de lo que pensamos se encuentra el “ángel del amor”, quien nos acompaña con su presencia divina y protectora a partir de los 7 años y para toda la vida, y está esperando que lo llame para presentarse ante usted. Sepa cómo acercarse a él.

Es sabido que cuando un niño nace ya tiene adjudicado un ángel que cuidará, como una nodriza fiel, cada uno de sus pasos. Sin embargo, este ángel a los siete años toma distancia para que el incipiente “libre albedrío” se ponga en acción en la vida de ese niño. Pero esto no significa que el ángel de la guarda lo abandone, sino que simplemente se aleja para no interferir con la voluntad del Padre, pero siempre estará alerta para acudir cuando sea llamado.

En el arduo camino que debemos transitar en la tierra, mientras transcurre nuestra vida, tendremos un compañero incondicional: “el ángel de la guarda”. Pero también hay otro ángel que estará esperando nuestro llamado cuando desde el corazón lo busquen sus latidos: “el ángel del amor”. A esta categoría pertenecen los ángeles que salvarán la humanidad.

Fiel guía y compañero 

Cada paso que damos en la vida nos conduce hacia un aprendizaje, aunque quizás no nos demos cuenta en ese preciso momento. A veces es necesario tomar distancia para comprender un suceso, y muchas veces creemos que estamos solos. Sin embargo, en cada aprendizaje que modela nuestro espíritu hacia la Luz, el ángel del amor nos guía y acompaña.

El hombre, en general, siempre cree que está solo porque no tiene la capacidad de poder ver a los ángeles. Ellos representan la voz del Creador que murmura en nuestros oídos, las manos que nos sostienen cuando notamos que comenzamos a caer y la fuerza que de repente nos inunda cuando creemos que la perdimos por completo. Representan esa voz clara y pausada que nos indica siempre el camino correcto que debemos recorrer y son nuestros guías en este largo aprendizaje que conocemos como “vida”.

Los ángeles del amor nos acompañan aunque a veces nos empeñemos en no escucharlos, y prefiramos creer que estamos solos.

Siempre están

Es muy difícil que un adulto tenga la capacidad de ver un ángel, a no ser que se encuentre ya en su lecho de muerte. Los niños, en cambio, poseen tal pureza espiritual que pueden jugar con ellos hasta que cumplen los siete años.

Los pintores famosos coinciden en pintar al ángel del amor como un bebé regordete y sonriente. Sin embargo, a las personas mayores se les permite reconocer al ángel a través de un embriagante aroma, una ventisca repentina o algo que resulte verdaderamente inusual.

Este ángel debe guiarnos por el complicado camino del amor, donde algunos se pierden por el atajo de la duda y otros abandonan capitalizando la desesperanza. Son muchos los que transitan equivocados por el sendero de los celos y muy pocos los que alcanzan el grado más sublime del amor: el amor universal.

Una voz y un nombre

El amor, como se manifiesta a través de la Divinidad, ve únicamente perfección a través de toda sombra, de toda distorsión de la forma, de todas las apariencias de imperfección. La voz del ángel puede oírse resonando en el centro del corazón, pero este sonido imperceptible no es el que captan nuestros oídos físicos. El ángel utiliza un sonido especial y un nombre para llamarnos que nada tiene que ver con nuestro nombre de nacimiento.

Una persona puede descubrir su nombre angélico mediante la siguiente meditación:

  1. Elija un lugar tranquilo dentro de su casa donde nadie pueda interrumpir. Puede ambientar el lugar con música suave, colocando una vela de color rosa, prendiendo sahumerios de jazmín y poniendo en cada esquina del cuarto un cristal de cuarzo translúcido para potenciar la energía angélica.
  2. Dese un baño purificador, vístase de blanco, mantenga sus pies descalzos y adórnese sólo con sus virtudes.
  3. Siéntese en una silla en el medio de la habitación, respire serenamente y relájese completamente. Mantenga el sonido del silencio en su corazón como si fuera una caracola vacía.
  4. Siéntase invadido por una profunda felicidad que se apodera de usted tras la llegada del ángel. Admita que en otros momentos experimentó lo mismo, sin saber de qué se trataba.
  5. Serenamente, comienza a descubrir que está en presencia de un ángel porque detecta el calor que irradia, la confianza y la paz.
  6. Hágale sentir sus necesidades afectivas. Háblele mentalmente teniendo la certeza de que su oración es escuchada.
  7. Mientras disfruta la cálida presencia, afloje por completo sus tensiones. Mantenga su mente alejada de este encuentro. Lentamente, dirija la mirada al entrecejo.
  8. Ahora envíele todo su amor y su agradecimiento.
  9. Relaje bien su cuerpo y prepárese para que el ángel pueda llamarlo por su nombre angélico, aquel con el que lo nombraban antes de que encarne en la tierra.
  10. Preste atención, pues este nombre le dará todas las cualidades que necesita para ser feliz.
  11. Oiga el sonido del tañer de las campanas y, a continuación, escuchará su nombre.
  12. Ha oído a su ángel nombrándolo y, aunque no le encuentre sentido a lo que escuche, memorícelo, pues es el nombre con el que existe desde siempre. Memorícelo y más tarde escríbalo con el fin de no olvidarlo, pero no debe mostrárselo a nadie, pues representa un secreto entre usted y el Creador. Este nombre es también un arma poderosa en los momentos de incertidumbre.
  13. Ahora que conoce su nombre angélico y también la voz del ángel, podrá reconocerlo cuando le hable dulcemente en su interior.
  14. Agradézcale al Padre por haberle permitido esta conexión y, especialmente, al ángel del amor por haber asistido a su llamado.

Cómo reconocerlo

Así como reconocería a un ser querido, usted está en condiciones de reconocer a su ángel del amor. Ellos, como los seres que usted ama, alegran sus días y tratan de que su vida se llene de sol. Están pendientes de sus necesidades, siempre dispuestos a ayudarlo y atentos a su llamado.

Puede hallarlos tanto acostados a los pies de su cama velando sus sueños, como sentados en su escritorio dispuestos a trabajar o parados en la estación esperando el tren. Donde sea que vaya, el suyo irá con usted. Permanecen cerca, tan cerca que suena ridículo tener que invocarlos, pero es preciso que lo haga para que puedan entrar en su vida.

Existen infinidad de oraciones preestablecidas para llamarlos en todas las religiones que existen. Los ángeles no eligen intervenir en el acontecer diario porque no poseen libre albedrío. Sin embargo, es usted quien debe ponerlos en acción por medio de rezos tradicionales o palabras sinceras que surjan en su corazón.

Es fácil reconocerlos para quien preste atención. Aquí van algunas guías para estar atentos:

  • Cuando una corazonada le advierte que no confíe en una circunstancia determinada porque puede ser una trampa.
  • Cuando hay un problema que lo abruma, se acuesta a dormir y luego despierta alegre y con la solución adecuada.
  • Cuando a pesar de estar solo siente que alguien lo acompaña.
  • Cuando usted está triste y surgen de su interior las palabras que necesita oír.
  • Cuando una planta florece fuera de estación.
  • Cuando descubre que un perfume de rosas ha invadido su cuarto.
  • Cuando siente el impulso de ayudar a alguien.
  • Cuando en medio de la noche, mientras observa el cielo, una estrella resplandece por encima de las demás y lo atrapa con sus parpadeos.
  • Cuando sienta deseos de sonreír, aún sin motivo.
  • Cuando el llamador de ángeles suene a pesar de que no haya viento.
  • Cuando en un momento de peligro aparezca una persona para socorrerlo y desaparezca repentinamente.

El propósito de los ángeles cuando nos dejan señales y símbolos de su presencia es mantenerse en contacto con nosotros. A veces no nos permitimos tener un tiempo para dialogar con los ellos, entonces los ángeles tratan por todos los medios de llamar nuestra atención.

Cómo contactarlo

El contacto angélico ocurre en nuestras vidas con naturalidad y, muchas veces, sin que nos demos cuenta. No es algo que requiera un preparativo complicado, sino sencillo y, por sobre todo, sincero. Sostener un diálogo con los ángeles es algo que pertenece a nuestra realidad cotidiana. Aunque algunas personas digan que el diálogo es con uno mismo, el brillo de las respuestas angélicas nos brindará la certeza del contacto.

Todas las personas tienen un ángel del amor a su disposición. Contactarse con ellos es conectarse un poco con el Padre, ya que ellos representan no sólo sus pensamientos sino, en este caso, su propia esencia.

A veces los ángeles se comunican con usted de la forma más impensada y no directamente. Susurran sus mensajes en los oídos de los escritores para que pueda contactarse mediante la lectura, en los oídos de los médicos para cuidarlo a través de sus sabios consejos, inclusive en los de sus cantantes favoritos para que lleguen a usted a través de sus canciones.

No puede negar que llegan hasta usted de algún modo. Ellos son sumamente inteligentes como para saber de qué forma ingresar en su mundo. Pero pese a ello, necesitan que sea usted quien los busque. Para realizar la conexión deberá hacer lo siguiente:

  • Busque un lugar tranquilo que le agrade, donde reine la calma. Puede ser desde un jardín florido hasta un lugar dentro de su casa.
  • Si elige un lugar dentro de la casa, encienda una vela blanca y coloque una flor en un recipiente a modo de ofrenda. Si no consigue la flor, no importa.
  • Limpie sus pensamientos de malas intenciones y prepare su corazón para el encuentro.
  • Siéntese cómodamente y realice respiraciones que calmen su ansiedad.
  • Ahora sí, pídale a su ángel que lo asista. Háblele con la sinceridad con que se le habla a un amigo. Inclusive, puede hablarle en forma silenciosa, con la mente.

Si en cambio prefiere utilizar oraciones convencionales, trate de impregnarlas con la pureza de sus sentimientos. No las repita mecánicamente, sin sentido.

Para que sus oraciones sean escuchadas y sus pedidos concedidos, deberán cumplir con las siguientes condiciones:

  • No deberán interferir con el libre albedrío de sus semejantes.
  • No perjudicarán a nadie; tampoco a usted mismo.
  • No pedirá cosas materiales.

Extraído de “Los ángeles y el amor”, de Patricia Skilton.