Cómo conocer la sabiduría interior

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Meditación

Alguna vez, en un futuro no muy distante, dones que hoy son considerados como “sobrenaturales” se convertirán en potenciales comunes y expresivos de numerosos individuos. Entre ellos la telepatía, la precognición, la beatitud y el éxtasis místico. Por consiguiente, un segmento de la humanidad comenzará a consolidar una sociedad profética. No será un acontecimiento espectacular porque sus protagonistas no convertirán esos potenciales evolutivos en elementos de dominio o de monopolio. Su influencia en los asuntos humanos se irá dando por contagio y/o seducción. Eventualmente, esa consciencia intensa y armónica dejará de estar afincada entre seres esclarecidos e irá convirtiéndose en la experiencia de nuestra especie como un todo.

Quienes están explorando y encarnando los matices de esta tendencia sostienen que por primera vez en la historia estamos comenzando a crear un expansivo y progresivo caudal de experiencias verificables sobre la vida “interior” de lo humano. Durante el siglo XX esta travesía fue en extremo evidente a partir de la sabiduría perenne de las grandes tradiciones religiosas y de pequeñas agrupaciones alquímicas, gnósticas o esenias depositarias de dicho “conocimiento sutil” a través de los siglos. También se afirma que por primera vez cunde la esperanza de que estos dones dejen de ser un secreto distorsionado por el dogmatismo y la institucionalización, y asimismo no se degeneren en la manipulación oportunista de entidades sectarias y ocultistas. Pues son la herencia viviente de la humanidad.

Este territorio lo estudia por un lado la psicología transpersonal y por otro las ciencias noéticas. Estas últimas consisten en indagaciones de la naturaleza y los potenciales del discernimiento, refinando la intuición, los sentimientos, la percepción metafísica, la razón y los sentidos: exploran el “cosmos íntimo” de la mente (consciencia, alma y espíritu) y su manera de relacionarse con el “cosmos externo” o mundo físico.

Quienes adherimos a variadas prácticas de meditación generativa y a la promoción de específicas prácticas de medicina complementaria, vislumbramos en estos momentos la fusión de dos ideales. El ideal místico oriental referido a la manifestación divina en la vida y la sociedad, y el ideal evolutivo occidental de la participación activa en la historia. Esta confluencia enfatiza la integración psico-cósmica. El filósofo bengalí Haridas Chaudhuri (1913-1975) la promovió como integralismo.

Se trata de la cooperación iluminada con el espíritu de la historia, en base a la realización abarcadora del Ser, como una fusión del tiempo evolutivo con el faro intemporal de la percepción cósmica.

La palabra noético proviene de nous, que los antiguos griegos usaban para ocuparse de esa “sabiduría interior” que en la era moderna pasó a definirse como “consciencia intuitiva”, es decir, el acceso instantáneo a un conocimiento que está más allá de lo que pueden captar nuestros cinco sentidos convencionales (vista, oído, tacto, olfato y gusto) y nuestro raciocinio. El explorador John White sostiene que nuestra civilización está aproximándose velozmente a una conjunción crítica, una enorme línea histórica divisoria. Durante las últimas dos décadas, muchas voces se han referido a un gran ciclo o período que concluye y a otro que está desplegándose. Asimismo, los mejores astrólogos coinciden en que el Planeta Tierra se halla en la cúspide entre dos eras. Además, algunos metafísicos y psíquicos indicaron que el año 2000 constituyó una magna encrucijada universal, todo ello despegado de interpretaciones esotéricas. Un manantial de sabiduría está a disposición de quienes deseen asumirlo.

Por Miguel Grinberg