Aprendamos a escuchar el sonido celestial de la Creación

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El Sonido Celestial

El Sonido Celestial

La energía universal aparece y desaparece sin parar, es un pulso armónico que vibra en lo profundo de nuestro ser y expande nuestra alma.

En la práctica metódica del Nada Brahma (en sánscrito, “sonido celestial”) el meditador expande el ritmo de su respiración armónica y se deja envolver por una variada gama de vibraciones sonoras que actúan sobre su metabolismo y estimulan una amplia gama de procesos sensoriales y espirituales. Según la visión hindú de la Creación, lo que se manifestó primero no fue la luz sino el sonido celestial. La literatura védica sostiene que la evolución del universo surgió a partir de un estallido atómico que produjo infinitas ondas sonoras portadoras del ascenso y la expansión cósmica.

Hay dos tipos de sonido: el percutido o ahat (audible) y el no percutido o anahata (inaudible). El nada o “sonido” indujo la manifestación de la música. En nosotros, el sonido emana de una fricción entre el aire (o aliento vital) y la energía calórica. La gente corriente se limita al ahat nada, la expresión vocal. En su nivel más elevado de consciencia, los yoguis experimentan el anahata nada, un sonido íntimo. Representa una especie de pulso armónico, una energía fluctuante y generativa: nuestra naturaleza esencial. Nada Brahma es la manifestación de lo Absoluto en forma de sonido.

Se nos brinda como una ternura incomparable, una resonancia divina que expresa la energía universal, que aparece y desaparece sin cesar. La música elevada es considerada nada yoga y hay en la India una historia milenaria según la cual Krishna comenzó a tocar su flauta a medianoche en el bosque, bajo la luna llena del primer mes del invierno, y todas las mujeres huyeron de sus casas atraídas por el sonido. En ese punto culminante, la consciencia individual del meditador se fusiona con la consciencia universal.

En cambio, aparentemente, el mundo actual impresiona como un lugar tumultuoso y violento. Pero lo que llamamos “realidad” es apenas una diminuta fracción del ámbito real donde creemos existir. La vida es mucho más que las noticias diseminadas por los medios de “comunicación social”, que en la práctica diseminan solamente postales caóticas del lado descompuesto del mundo. La existencia sutil en el planeta Tierra en particular y en el universo en general, no tiene nada que ver con lo que manifiestan los titulares de los diarios.

La prensa oral, escrita y televisada se ha convertido en un narcótico apuntalado por variados contenidos cosméticos o anestésicos que nos apartan del genuino sentido de nuestra presencia en esta región del espacio estelar: expandir nuestra intuición, refinar los dones tanto humanos como angelicales de nuestro ser, y desplegar el potencial evolutivo de nuestra especie. Diversos instructores no dejan de resaltar que no somos apenas seres humanos que a veces atraviesan experiencias espirituales, sino que somos seres espirituales inmersos en el complejo campo de las experiencias humanas.

En esta latitud, aconsejó el físico Albert Einstein: “Lo importante es no dejar de indagar… La curiosidad tiene su propia razón de existir. No se puede hacer más que contemplar con reverencia los misterios de la eternidad, de la vida, de la maravillosa estructura de la realidad. Ya es bastante, si sólo se intenta comprender un poco de ese misterio cada día. Nunca pierdas la santa curiosidad.”

Existe, pues, una cosmología íntima donde damos los primeros pasos para recrearnos como seres humanos intencionales basados en ideales futuros. Los sonidos inaudibles no son imaginarios: vibran en la profundidad de nuestro ser, nos hacen germinar por dentro y expanden el dulce girasol del corazón más allá de los oídos, en el recinto del alma.

Por Miguel Grinberg