El ayuno terapéutico como alternativa para desintoxicarse

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detoxSe trata, básicamente, de no ingerir alimentos durante un tiempo determinado. ¿El objetivo? Depende del caso. Hay quienes lo hacen para eliminar las toxinas de su organismo y también están los que buscan lucidez mental y emocional. La idea de la que parten todos es la misma: vivimos en un estado crónico de intoxicación leve.

“Hice una terapia durante 9 días, en los que pasábamos de un caldo de verduras a jugos de frutas, y sólo al final, algo de verduras y frutas sólidas. El razonamiento que me animó a hacerlo es muy simple: ya que nutro mi espíritu de distintas maneras, lo ideal es mantener el cuerpo limpio también. Y resulta muy placentero tener este tipo de conciencia”, explica René. Coqueta, oculta su edad, aunque es fácil adivinar que sean los que sean los lleva con una vitalidad envidiable. El tratamiento que ella emprendió, acompañada por una terapeuta especializada y junto con un grupo que comparte sus intereses, es sólo una de las diversas formas de ayuno que se practican en la actualidad para tratar o prevenir desde pequeños síntomas y malestares hasta enfermedades más complejas.

Ayunar es, básicamente, no ingerir alimentos o bebidas durante un tiempo determinado. “La naturaleza es muy sabia. Así como los animales se autodepuran cuando algo les cayó mal, no ingiriendo alimentos o masticando pasto, las personas eligen voluntariamente realizar un proceso de desintoxicación mediante un ayuno –explica David Lifar, Director de la Fundación Indra Devi, dedicada al Yoga–. Más allá del snobismo que rodea a esta práctica actualmente, el objetivo principal debe ser una limpieza conciente del organismo”.

A través del tiempo

La mayoría de las religiones contempla alguna forma de ayuno, que tiene sus raíces en la historia propia de cada credo. Los Católicos lo hacen durante la Cuaresma o bien durante el viernes de la Semana Santa; los Judíos, el Día del Perdón, y para el Islam, el ayuno del Ramadán es uno de los ciclos más importantes y, sorprendentemente, más esperados del año. A veces, la abstención se hace con un sentido penitente o purificador, y en otras oportunidades para alejar las catástrofes, como forma de castigo por haber cometido un pecado.

Los cristianos recuerdan en la Biblia el ayuno de Jesús, y hasta el mismo Mahatma Gandhi aconsejaba esta práctica para alcanzar la sanación. Una de sus frases trascendentes reza: “Cuando existe un dolor que no podemos eliminar, debemos ayunar”. El mismo Gandhi ayunó un mes y medio, 24 años antes de que tres disparos le quitaran la vida, cuando, enérgico y saludable, atravesaba sus 79 de edad.
El escritor peruano Mario Vargas Llosa es un fiel adepto a esta práctica: cada año la realiza durante casi tres semanas en la Clínica Buchinger, un sanatorio especializado de la ciudad de Marbella. Este año, luego de finalizar el proceso, declaró al diario ABC, de Madrid: “Lo mejor es la limpieza del organismo y la tranquilidad de vivir disciplinadamente. No es un retiro monacal, pero te acuestas temprano, se da importancia al ejercicio físico; para quien lleva una vida tan agitada como yo, hace bien. Y no dejo de trabajar todas las tardes. En el trabajo no hay ayuno posible”.
Desde los años ’80 existe un importante movimiento de promotores del ayuno en Estados Unidos. Ya en 1999, los centros que prestan este tipo de tratamiento habían duplicado su clientela: Paradise Health y We Care, dos de los más populares, reciben cada semana a famosos actores y anónimos que desembolsan unos cuantos miles de dólares solamente por ir a ‘no comer’ allí.
La supresión del aporte de sólidos al organismo puede provocar, en algunos casos, diversas reacciones psíquicas, además de las físicas evidentes que se desencadenan luego de cortar el ritmo de alimentación diaria. Y más acentuadamente, si ese régimen no era de lo más ordenado, equilibrado y sano. “Es una técnica milenaria, que puede ser muy favorable si se realiza en períodos cortos, con seguimiento profesional. Puede llevar a la persona a un altísimo estado de lucidez, causando sensaciones de euforia y bienestar, por la secreción de serotoninas y endorfinas que acompaña el proceso”, asegura el doctor Máximo Ravenna, director del centro terapéutico que lleva su apellido. Algunos de los tratamientos que se realizan allí están basados en ayunos mitigados y dietas hipocalóricas, que llevan a las personas a un proceso natural para cortar la dependencia de la comida. “Si se dejan de estimular los mecanismos, se detiene el hambre. Los animales que hibernan bajan su metabolismo y entran en un estado de latencia y equilibrio fundamental. Hay una creencia de que los ayunos religiosos, que acompañan la meditación, tienen que ver con que uno sufre para poder hacerlo. Pero la verdad es que así se busca lucidez y purificación. Cambia tanto el estado interno, que uno se mete dentro de sí mismo –agrega–. Eso sí: lo ideal es hacerlo en un ambiente terapéutico, con guía y acompañamiento, porque hay carencias que compensar”.

Líquidos, sólidos, o ninguno de los dos

Existen tantas formas de ayunar como puntos de vista posibles sobre esta costumbre. La ‘Ayunoterapia’ que promueve la Clínica Buchinger de España contempla el aporte diario del jugo de frutas, los caldos de verdura y los complementos dietéticos que pueda necesitar cada paciente, que garantizan así el aporte mínimo indispensable de hidratos de carbono, vitaminas, minerales, oligoelementos y proteínas, para no perder energías. Según esta perspectiva, los pilares que acompañan la rutina son el movimiento y la relajación: el primero, porque las personas se sienten ligeras y aliviadas, entonces sienten espontáneamente la necesidad de moverse. La relajación se produce como parte de un proceso natural que experimenta el cuerpo al abandonar los estimulantes habituales como el café el tabaco y el alcohol. De esta forma, el cansancio y la tensión nerviosa normal se perciben de otra manera, y es inmediata la tendencia a reponerse. La metodología de trabajo de este lugar –que figura en su sitio web– lo expresa claramente: “La reinstauración del sueño y el distanciamiento del ámbito cotidiano y el estrés, junto con actividades tales como ejercicios de relajación y meditación, aportan un beneficio para la mente y el sistema nervioso, que perdura semanas y meses después del ayuno”.

“El ayuno total es riesgoso, porque puede haber deshidratación. Lo que aconsejamos nosotros dura entre 24 y 48 horas y se basa en la ingesta de jugos y agua”, dice Lifar. Así, explica, los yoguis lo practican una vez al mes. Hay quienes también incluyen tisanas de hierbas y caldos de distintos tipos, porque son los alimentos que facilitan la eliminación de los desechos y toxinas acumuladas en los órganos que, ahora, se encuentran en reposo. “La alimentación es un pilar básico. Siempre digo que somos lo que comemos, pensamos y sentimos. Y es muy útil aprovechar el valor terapéutico que tienen, por ejemplo, la cebolla, el limón y el ajo”, apunta la terapeuta nutricional Silvana Ridner.
“Eliminar las toxinas del intestino es esencial, porque cuando se acumulan producen bacterias. Además, el aparato digestivo no logra asimilar correctamente los nutrientes. Creemos que las enfermedades como el cáncer, las de la vista, del hígado, la sinusitis y hasta las de la próstata están relacionadas con esto –dice María Cristina Assaff, directora del Centro Naturista Renacer, de Villa Adelina–. Y la terapia de limpieza de colon que yo realizo está acompañada de un ayuno moderado, con frutas y verduras orgánicas. Y también hacemos un ayuno de desintoxicación el segundo domingo de cada mes, acompañado por yoga y meditación”.

Antes, durante y después

Todos los especialistas comparten una idea que es madre de este tratamiento: los seres humanos vivimos en crónico estado de intoxicación leve, que es más grave en los casos de enfermedades. Desde la óptica del Yoga, el ayuno no ‘cura’, en el sentido medicinal, sino que capacita al cuerpo para liberarse de las sustancias tóxicas e impurezas. Para la Medicina Ayurvédica, practicada en la India desde hace 5 mil años, esta es una de las formas más utilizadas de purificación, base de la curación de enfermedades. Según cada caso, puede emprenderse un tratamiento de ayuno cuando existe un síntoma puntual, o mantenerlo como rutina para prevenir la manifestación de las dolencias que causa la acumulación de impurezas.
“Por lo que comemos, cada vez hay más enfermos en el mundo. Los edulcorantes tienen un químico, el aspartamo, que daña el cerebro; los conservantes son nocivos y ni siquiera los vegetales están libres de ellos. Además, el gluten de las harinas se pega en las paredes del intestino e impide la absorción normal –asegura Assaff–. La edad más crítica en que se manifiestan los síntomas es entre los 40 y 50 años, pero toda la vida hay que tener conciencia de esta necesidad de limpieza”.
Cualquiera sea el momento elegido para comenzar un ayuno, sin importar la duración, es necesario hacer una preparación para asegurarse que los resultados sean óptimos. “En los días previos no se deben comer carnes ni pan. Sólo vegetales y cereales, para preparar gradualmente al organismo”, dice Assaff. Luego de esto, sus pacientes emprenden un tratamiento de nueve días ininterrumpidos. Pero la regla rige también para los de 24 a 48 horas, los más frecuentes. Siempre bajo el control de un profesional, muchas veces es necesario complementar con vitaminas y minerales para suplir las carencias.
El principio es determinante. Ya lo dijo Indra Devi una vez: “Recuerde que los primeros tres días son los peores”. Es que es allí cuando se manifiestan los malestares del cambio de hábitos. Pueden aparecer dolores de cabeza, mareos y náuseas. “Es importante no tener un gran desgaste de energía mientras se ayuna. Indra Devi aconsejaba que fuera en feriados o fines de semana. Para que sea exitoso, debe emprenderse aislado de la vida cotidiana”, agrega Lifar. También hay quienes piensan que es mejor hacerlo durante un día normal, para que las actividades contribuyan a distraerse y así atravesar más fácilmente el período de abstinencia. Pero si el tratamiento está acompañado de una intención de introspección, los especialistas coinciden en que el mejor entorno es el del descanso.
Casi todos los períodos de ayuno alternan intervalos de fatiga con otros de abundante energía: esto está íntimamente relacionado con los ritmos de las toxinas que se van eliminando paulatinamente. La parte media del tratamiento es fácil de llevar adelante, ya que el organismo ha adquirido esta nueva dinámica y se sirve de sus propias reservas. “El cuerpo sabe cómo ahorrar energía, muchas veces lo dañamos por sobrealimentarnos. Pero así puede alcanzarse un equilibrio”, asegura Ravenna.
“Lo más delicado es la salida. Normalmente, uno lo hace con mucho hambre, pero tiene que ser tan gradual como el ayuno: si duró dos días, ese es el tiempo que debe dedicarse a recuperar el ritmo normal”, sostiene Lifar. Lo principal, entonces, es lo que se come y se bebe después. Se puede comenzar con un vaso de agua mitad agua mitad jugo de frutas, y siempre es aconsejable aprovechar las de estación. Luego, con mucha tranquilidad, el paso siguiente es masticar lentamente una o dos frutas. Con varias horas de diferencia, una ensalada fresca o un plato de arroz integral puede ser la siguiente ingestión. Y hay quienes desaconsejan volver rápidamente a los lácteos: “El ser humano sólo está preparado para disolver la leche materna. Yo recomiendo como fuente de calcio las semillas oleaginosas y las frutas disecadas”, agrega Assaff. “Existe una delgada línea entre el exceso y la medida –asegura Ravenna–. La cuestión radica en experimentar y comprobar los beneficios”. Buscar información, consultar y emprender el ayuno bajo la orientación de un experto es siempre lo mejor. De lo contrario, el objetivo de una purificación puede quedar lejos.

Más información

*La casa de Silvana
Tel. 4983 1467.
www.silvanaridner.com.ar

*Centro Terapéutico Ravenna
Zapata 121, Ciudad de Buenos Aires. Tel. 4775-9200.
www.maximoravenna.com

*Centro Naturista Renacer
Tel. 4765-3616.

*Clínicas del exterior
Centro Paradise: www.paradisefitness.ca
Clínica Buchinger: www.buchinger.es

por Marina Daporta